Desde hace doce años el Rally de Rafaela -la ciudad cuna de las míticas 500 Millas y una de las capitales del automovilismo argentino-, es uno de los dos mayores eventos anuales del automovilismo histórico en la “pampa gringa”, junto al rally de la vecina ciudad cordobesa de San Francisco.
La buena cantidad de autos vintage en particular y preguerra en general, y el alto nivel de restauración o conservación de muchos de ellos, ya son marca registrada del rally organizado por el Club de Autos Antiguos local.
En Rafaela lo que siempre gana por goleada son las grandes comilonas que se intercalan entre la regularidad y la prueba de habilidad conductiva en el autódromo, y hay vida social para el campeonato cuando los tiempos “muertos” (nunca tan mal utilizado el término…) ocupan la agenda. La predisposición a la buenas charlas de autos parece ser una condición no requerida en los formularios de inscripción pero implícita en los disfrutes de cada uno de los participantes.
En esta ocasión, puede que otra cosa que es redonda pero no es rueda sea lo que haya hecho mermar el parque en cantidad para esta doceava edición del rally, ya que algo menos de cincuenta autos fueron de la partida.
Para terminar de redondear la maldición futbolera que acompañó a esta edición, el 0-4 compartido por todos los participantes en pantalla gigante golpeó la moral colectiva, la de los participantes y también la del público, ya que en la visita posterior programada a la plaza de Sunchales fueron realmente pocos los que se animaron a ganar las calles y darse una vuelta por los autos, después del furibundo ataque de los panzers en territorio sudafricano.
Por cada gol (en contra), el Rally de Rafaela y RETROVISIONES regalan una alegría, en este caso con las imágenes de cuatro de los mejores autos participantes que viven en la provincia de Santa Fe y protagonizan el primer post sobre este fantástico rally: la crema de la crema del rally fueron el Imperia 1908 de Héctor Platini (de Rafaela), el Cadillac 1929 Phaeton de Alejandro Ridolfo (de San Jorge), el Hudson Super Six sedán del mismo año de Raúl Baronetti (de Rafaela) y el Mercedes-Benz 230 1938 de Abel Campo (de Calchaquí).
Fotos: Miguel Tillous y D.S.













DBU
Me pareció ver un colosal baquet Mercedes por ahí. Cuál es su historia?
cordobes
jajaja. muy bueno lo de la Tia de «al bar aalto»
al bar aalto
A una vieja tia le decian mercedes, por la configuracion de sus piernas similar al tren trasero de la venerable hormiga negra.
Saludos!
Mariana
que hermosura de autos!!muy lindas fotos!!!!