Frases célebres – Macoco Álzaga Unzué

La historia del automovilismo argentino es tan antigua como el automóvil mismo. Tan pronto los autos rodaron por caminos europeos y americanos, llegaron a la cosmopolita Buenos Aires, que se nutrió rápidamente de importadores y distribuidores, haciendo mutar la geografía urbana para esta nueva modalidad de transporte. Y con los autos llegaron las carreras, y […]

Macoco Esso y Rope

La historia del automovilismo argentino es tan antigua como el automóvil mismo. Tan pronto los autos rodaron por caminos europeos y americanos, llegaron a la cosmopolita Buenos Aires, que se nutrió rápidamente de importadores y distribuidores, haciendo mutar la geografía urbana para esta nueva modalidad de transporte.

Y con los autos llegaron las carreras, y con los años quedó en claro que Argentina estaba, fuera en materia de pilotos como de organización de pruebas, entre los top ten a nivel mundial. Léase estaba, no estamos más…

El automovilismo fue cambiando rápidamente, pero pilotos de primer nivel hubo siempre – léase siempre – y personajes también, no importando si manejaban una Bugatti Type 35 o un Falcon de Turismo Carretera; perdón la comparación.

Un personaje pionero del automovilismo vernáculo, florido y atorrante por cierto, fue Martín de Álzaga Unzué, Macoco. Su anecdotario es de lo más variado, y la mayoría de sus cuentos pasan por el despilfarro de la fortuna familiar, siempre ligado a los autos y las mujeres.

Macoco tuvo cantidad de frases hoy célebres, pero siempre me gustó la que en charla a Enrique Sánchez Ortega le dijo en relación a los pilotos que, al momento de aquella nota, eran los actuales: «¡Ahora todo el mundo habla de las ventajas de viajar en avión, y uno se baja cansado, sucio, con ganas de dormir! ¡El placer que era viajar en barco es incomparable!… Uno llegaba a Europa descansado, todo quemado. Pero… ¡si hoy ya casi no hay bombones!»…»Creen que son playboys porque después de una carrera se emborrachan en 05. Playboy fui yo, por ejemplo, que di la vuelta al mundo tres veces en yacht».

Foto: Santiago Sánchez Ortega

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