Ballena varada en San Cristóbal

Siguiendo con la caja de Pandora que resultó ser la calle Sarandí, en el barrio de San Cristóbal, ayer paseando por la misma cuadra en la que una vez me topé con una IES Gringa y con el simpático carro fúnebre de la semana pasada, vi que asomaba desde un taller la trompa naranja de […]

Siguiendo con la caja de Pandora que resultó ser la calle Sarandí, en el barrio de San Cristóbal, ayer paseando por la misma cuadra en la que una vez me topé con una IES Gringa y con el simpático carro fúnebre de la semana pasada, vi que asomaba desde un taller la trompa naranja de una impecable Serie2 de 1973.

Sin poder negociar ni un poquito con mi impulso, este me llevó de las pestañas a preguntar de quién era ese auto, si lo vendía y demás cuestiones que uno plantea ante un bicho semejante. La Chevy no resultó ser la mejor del mundo, pero tampoco la peor, así que charlando amablemente entre vecinos tuercas, enfoque de repente una especie de ballena varada en el fondo del taller, que me resultaba familiar…

Al preguntar, el padre de mi interlocutor salió desde uno de los miles de huecos que tienen los talleres de barrio, y con el mentón apuntando a mi nariz me preguntó: «¿Sabés lo que es eso?». Sí… un Buick Electra de 1959.

Al confirmarme digno de sus discursos, procedió a relatar la larga historia del auto, y su cortísimo boletín de dueños, en el que el Sr. Juan, acredita el segundo y hasta ahora último folio. Lo salvó del desguace en manos de los implacables gitanos de Av. Juan B. Justo, y lo armó todo, hasta que su paciencia encontró un límite, y con la obra rematada en un 95%, decidió tomarse un descanso que ya lleva algún que otro lustro.

Como buen curioso pregunté el hipotético precio (como verán, más relacionado con una hipoteca que con una hipótesis), y luego de decirme que es una de las dos coupés hardtop del modelo en el país (en realidad todas la coupés Buick Electra 1959 eran hardtop) disparó una cifra propia de un Granturismo italiano de los sesenta de marca blasonada.

Sin entrar en detalles, me dediqué a retratar este mastodonte, que a mi entender está más logrado que sus coetáneos como el Impala (lancha Justicialista) o Cadillac Eldorado del mismo año. Es difícil hablar de diseño, sobre un objeto de este tipo, pero se puede decir que al menos tiene doble alas, adelante y atrás, y que eso lo equilibra de alguna manera, haciendo que dialoguen un poco más los extremos del auto, y se comuniquen a través de sendas extrusiones metálicas aplicadas en sus zonas nobles.

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