El pueblo de los Citroën
El Partido de Luján aún conserva algunos pueblos rurales realmente encantadores, donde se respira el aire de altri tempi por las estaciones de tren que se mantienen inalteradas, las buenas casas de campo en sus pocas calles, el ritmo de sus pobladores, y también porque muchas veces su parque automotor es un museo rodante. Uno […]

El Partido de Luján aún conserva algunos pueblos rurales realmente encantadores, donde se respira el aire de altri tempi por las estaciones de tren que se mantienen inalteradas, las buenas casas de campo en sus pocas calles, el ritmo de sus pobladores, y también porque muchas veces su parque automotor es un museo rodante. Uno de estos pueblos se llama Cortines y está a apenas 10 kilómetros de distancia de la capital del partido, sobre la Ruta 7.
Llegó el día en que me decidí a conocerlo, estimulado porque entre lo poco que pude encontrar en internet acerca de este sitio fundado en 1888, se decía que es conocido como “El Pueblo de los Citroën”.
Y fui en busca de Citroën y de otros clásicos. No esperaba encontrar el “granero” lleno de joyas de la belle epoque del automóvil y el milagro no se produjo. Pero apenas penetré la siesta pueblerina descubrí un Ford Maverick 4 puertas “con detalles de pintura” y a pocos metros de allí, al fondo de una casa en construcción, al horizonte primaveral lo pintaba un fotogénico cementerio que incluía desahuciados ejemplares de una Fiat 1500 multicarga, un Dodge Coronado, un camión liviano Chevrolet “sodero” y un escuálido esqueleto de R4 parado de cola, reposando sobre un árbol.
¿Y los Citroën? Sólo encontré un 3 CV bastante «aggiornado» frente a la escuela. Y aporté al paisaje de Cortines la bella estampa del 2 CV 1970 que conduzco a diario en Buenos Aires, como para salvarle el honor por aquel rato a un pueblo que lleva tan distinguido mote.


