¿Naturales u operados? Encontrar un vehículo completo, funcionando, jamás modificado ni restaurado, es el verdadero «eldorado» del coleccionismo. Y cuanto más viejo es el vehículo y más años lleva viviendo sin ser intervenido, mejor.
En los concursos de elegancia más renombrados del mundo existe una categoría de conservación que premia justamente a estos sobrevivientes. Así no es raro ver vehículos con pedigree que pasaron décadas protegidos del sol, la lluvia y las miradas indiscretas, que salen a la luz para sacar un boleto directo a los concursos. Como las vetas de la madera o las arrugas de un nonagenario, la pátina que consiguen quienes se han mantenido «vírgenes» los hace únicos e irreproducibles, aunque no faltan quienes desarrollan talentos para imitar pátinas que hagan «envejecer» a los autos.
Autoclásica también premia a los vehículos conservados desde que instauró el premio FIVA, que en esta edición 2009 fue para una Moto Bianchi 350 del año 1935.
Entre los autos que merecen destacarse por su estado de conservación estuvieron la cupé de TC ex Estéfano y Mateo, la baquet Studebaker ex Hortal, el Noni P., el extrañísimo auto de récord que conserva todo salvo su motor original, el Alfa RL del stand del club Alfa, que sí sufrió numerosas modificaciones en su trayectoria deportiva criolla pero se mantuvo tal como está ahora por décadas, y entre los autos más terrenales, el NSU Prinz IV ganador entre los microcupés, que a pesar de tener una pintura ya un poco opaca, su propietario decidió acertadamente no intervenir por el increíble estado de originalidad general del auto.








