Póngase cómodo
En los vuelos al pasado que cada día emprendemos desde este espacio, pocas veces solemos sacar las narices del mundo del automóvil. RETROVISIONES es un nombre genérico que no simboliza nada específicamente ligado al fetiche más preciado por el varón, aunque demás está decirlo, somos unos enfermitos que lo único, o casi lo único que tienen […]
En los vuelos al pasado que cada día emprendemos desde este espacio, pocas veces solemos sacar las narices del mundo del automóvil. RETROVISIONES es un nombre genérico que no simboliza nada específicamente ligado al fetiche más preciado por el varón, aunque demás está decirlo, somos unos enfermitos que lo único, o casi lo único que tienen en la cabeza, son los autos.
Hecha esta aclaración, me gustaría, como hizo nuestro querido Lao Iacona, meterme con otras disciplinas y sacar del pasado objetos, tendencias o personajes, que sin tener que ver estrictamente con el mundo del automóvil, nos alegraron o facilitaron la existencia en algún momento a nosotros, a nuestros padres, abuelos o demás ramas del árbol familar de cada uno.
El objeto de hoy es la famosa silla Panton, que si la nombramos no todos sabrían de que hablamos, pero si ven una foto, seguramente la reconocerán, y los más afortunados y sensibles habrán adquirido una, o bien se habrán quitado la curiosidad de posar los cuadriles sobre sus amables y sugestivas curvas.
El nombre de la silla, corresponde al de su creador, Verner Panton (1926-1998), un diseñador danés que se tomó de manera muy lúdica y desfachatada los rígidos axiomas imperantes en el diseño nórdico, dando más de una bofetada a la realidad de los años cincuenta y sesenta con objetos, y sobre todo decoraciones, que poco tenían que ver con el lenguaje imperante en sus contemporáneos.
Ya en los cincuenta, Panton tenía su propio estudio de diseño del que salieron desarrollos como casas plegables, de cartón, o bien de plástico. Arrancando los sesenta, en plena faena de decorador extrovertido creando espacios fuera de lo establecido, este inquieto danés comenzaría la exploración formal de su creación más aclamada: la silla Panton.
Luego de varios años de estudios, hacia fines de los sesenta, precisamente en 1968 se presentó oficialmente la primera silla fabricada en escala industrial hecha en una sola pieza de plástico. La por entonces naciente Vitra se ocupó de la larga y penosa investigación, que incluía pruebas de resistencia y la elección de materiales. Finalmente se produjo en su sede de Basilea, donde Panton por esos años había trasladado su estudio desde Copenhagen.
La Panton dejó de fabricarse en 1977, y en 1990 comenzó a fabricarse nuevamente, aunque con materiales (siempre plásticos) de mayor calidad y resistencia, que permitían entre otras cosas, abaratar la fase final de puesta a punto y pintura. Muy curiosa la resurrección de un objeto que vuelve a la moda, y en vez de evolucionarlo, se copia tal cual era en sus formas. Algo impensado para una industria como la automovilística, ¿no?


