Aquí Radio Venus llamando…
En mi casa solía haber varios productos Noblex, destacándose una tele de 14 pulgadas en blanco y negro de la cual nunca más tuve noticias. Era una de esas rojas giratorias, que entre tantas imágenes, nos regaló los goles del matador Kempes en el 78, y un año antes (aunque no menos importante), el penal que le atajó «El […]
En mi casa solía haber varios productos Noblex, destacándose una tele de 14 pulgadas en blanco y negro de la cual nunca más tuve noticias. Era una de esas rojas giratorias, que entre tantas imágenes, nos regaló los goles del matador Kempes en el 78, y un año antes (aunque no menos importante), el penal que le atajó «El loco» Gatti a Wanderley, en aquel memorable Boca-Cruzeiro, haciéndonos festejar la primera de las seis Copas Libertadores que obtuviera la gloriosa institución de la ribera.
Como el relator de la tele (Mauro Viale) a veces no era lo que esperábamos, nos prendíamos a escuchar al «Gordo» Muñoz en la radio, y allí es donde aparece en escena el objeto que hoy les presento: el globo terráqueo de la misma marca que la tele, tan en boga a fines de los sesenta, y ya algo demodée durante mi infancia, pero siempre fiel a la hora del servicio. Rigurosa AM, increíble manufactura, y un estilo que camina sobre la cornisa del kitsch, con mucho dorado, plástico color marfil, y baquelita para los controles, que hacen de esta radio un objeto completamente irresistible para cualquier coleccionista.
Como la tele roja, nadie sabe donde terminó, hasta que un domingo de aburrimiento en el Mercado de Pulgas de Dorrego, me topé con una y no la dejé escapar. A cambio de algunos billetes me hice de ella, y hoy, en ciertas noches de saludable melancolía, le toca presidir orgullosa la mesa de luz desde donde el «Flaco» Dolina me da las buenas noches.
Otras veces, el rugir de los motores y el frenético relator de Carburando me recuerdan que es domingo a las nueve. En pocos segundos más recibiré el infaltable almohadazo en manos de quién ocupa la otra mitad del ring, reclamando un imposible silencio que las amables frituras de la Noblex ensucian, haciendo flotar como pequeñas burbujitas de aceite en el espacio aéreo del lecho, y que al estallar, bañan el lánguido despertar empujando a mis huesos hasta el encuentro con el chorro de agua, anunciando que una nueva hoja del almanaque está por ser arrancada.

