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El Amphicar de la rive gauche

Por Lectores RETROVISIONES

En cada visita a París surge siempre el mismo paseo, casi obligado: si el día está lindo, una buena caminata por las márgenes del Sena, aprovechando sus verdaderos corredores peatonales al nivel del agua. Los autos, el tránsito y sus ruidos quedan metros más arriba, como si fueran de otra ciudad.

Cruzar los puentes por debajo tiene su encanto; desde esa óptica el paisaje edilicio parisino tiene un embrujo especial. Casi tanto como el de las barcazas que “estacionan” en el río, algunas de ellas vivienda permanente de singulares ciudadanos que habitan el núcleo de una de las urbes más concentradas del mundo… pero fuera del cemento.

Hace años que en una de estas embarcaciones veo una de las curiosidades sobre ruedas más delirantes. Y lo delirante es, justamente, que se haya producido en serie: el Amphicar.

En impecabilísimo estado de conservación, esta unidad es una de las más de 4.000 producidas en Alemania entre 1961 y 1968, la mayoría de ellas vendidas en Estados Unidos. Con su británico motor Triumph 1.1 litros de 43 caballos, este pequeño convertible de 4,3 metros se impulsa con las ruedas traseras sobre piso firme y con dos hélices, también posteriores, en el agua, siempre valiéndose de dos sistemas de transmisión (cuatro marchas para el uso terrestre y dos para el acuático). Y así como le dan la dirección en seco, las ruedas delanteras ofician de timones a la hora de navegar. No es ni un gran auto ni una gran lancha, pero tiene el encanto de ambos, en un verdadero dos en uno.

Hay miles de artículos en internet sobre el Amphicar, así que no ahondaremos en detalles técnicos ni históricos de este singular engendro de dudoso diseño al que en la época denominaban “770”, porque en agua desarrolla apenas 7 nudos, y en ruta 70 millas (unos 120 km/h).

La cuestión es que, como los gringos que salen de paseo con sus monstruosas casas rodantes y el auto a la rastra atrás a modo de tráiler, este maestro parisino tiene barco y móvil anfibio, todo con vista a la Tour Eiffel…

Saludos a RETROVISIONES y sus lectores desde la capital francesa.

Matías Antico

10 comentarios

  1. pinco

    Que curioso como se cruzan las historias ; este fue el sueño de Von Trippel relacionado con el ministerio de industria del tercer reich, intentaba venderles anfibios que hacia en la fabrica de Bugatti la que ocupaba .ademas se dice que odiaba a Don Ettore , que cosas no ?
    estoy en lo cierto ? otros comentarios ? un saludo de los Pincos.

  2. Fuoripista

    Lindo pal picnic de primavera en los lagos de Palermo!!
    Las aletas sobre los guardabarros traseros me hacen acordar a una versión de la «Bomba de Caballito» de Navone.

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