Otra perlita

Lo más atrapante del mundo de las motos es, sin dudas, la compleja ingeniería desarrollada, y la miniaturización de muchos componentes que aportan enormes avances tecnológicos no solamente en el campo de las dos ruedas, sino que luego se expanden a otros medios de transporte más complejos. Caso paradigmático es esta notable mecánica desarrollada por […]

Lo más atrapante del mundo de las motos es, sin dudas, la compleja ingeniería desarrollada, y la miniaturización de muchos componentes que aportan enormes avances tecnológicos no solamente en el campo de las dos ruedas, sino que luego se expanden a otros medios de transporte más complejos.

Caso paradigmático es esta notable mecánica desarrollada por Guzzi -el más fascinante de los constructores italianos de velocípedos a motor- que de la mano de su jefe de motoristas de la época, Don Giulio Carcano, proyectó para la temporada de competición del año 1955 un increíble V8 de 500 c.c.

Montado en posición transversal, con cuatro árboles de levas a la cabeza y ocho carburadores Dell’Orto, erogaba casi 80 saludables caballitos que catapultaban a esta vehemente herramienta a más de 280 km/h. Como muchas de las genialidades mecánicas, esta Guzzi sufrió problemas de puesta a punto del esqueleto y musculatura que no estaban a la altura del raudo corazón, o bien del mismo corazón, que tendía muchas veces a presentar roturas en la distribución cuando era exigido hasta los 12.500 latidos por minuto en pruebas y competiciones.

Sin dudas otra de las perlitas para coleccionar, y un artefacto de privilegio en la galería de rarezas que desfilaron por las pistas del Campeonato Mundial de Motociclismo. Corrió durante dos temporadas, hasta que en 1957 por insistencia de varios pilotos reticentes a cabalgarla por la poca seguridad que ofrecía, fue pasada a cuarteles de invierno, como el buen lunático, aunque sin haber cosechado los laureles que el alazán le supo regalar a su famoso poseedor.

Sin querer hablar de diseño, imposible no detenerse en el detalle del asiento, su forma, material, textura, y como vibra con el color del carenado… Imposibble para los italianos resistirse a la tentación de empaquetar de la manera más elegante cualquier objeto que pase por sus manos.

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