La Motó de Felipe
Cuando a un diseñador industrial se le encarga algo que no está acostumbrado por oficio a hacer, porque no es parte de su cotidiano, pueden salir cosas sorprendentes. El designer francés Philippe Starck, creador en los años noventa de una infinidad de objetos, desde manijas a exprimidores, sillones, televisores, cepillos de dientes o botellas de […]
Cuando a un diseñador industrial se le encarga algo que no está acostumbrado por oficio a hacer, porque no es parte de su cotidiano, pueden salir cosas sorprendentes.
El designer francés Philippe Starck, creador en los años noventa de una infinidad de objetos, desde manijas a exprimidores, sillones, televisores, cepillos de dientes o botellas de agua, haciendo popular y accesible a todo el mundo «buen design», fue comisionado por Ivano Beggio, el patrón de Aprilia, para hacer una moto.
El resultado fue una «suburban motorcycle», y a la misma vez un buen ejemplo de objeto anticipado a su tiempo… Recibida con admiración por la crítica, no fue entendida por el público, en un período de carenados y gráficas flúo…
Se vendieron poco más de 4.000 ejemplares que desaparecieron rápidamente de las calles para llenar los garajes de los coleccionistas (no sólo de motos, también de los coleccionistas de arte; un ejemplar llegó al Museo Guggenhein de New York), y por ende a cotizarse al triple o más del valor de mercado de una moto de similares características.
La mecánica de la Motó es muy simple, un motor Rotax monocilíndrico refrigerado por líquido, 4T, 5 válvulas, DOHC y 650 cc, chasis doble cuna, mono disco y ruedas de rayos… sólo dos combinaciones de colores disponibles, naranja/gris y gris oscuro/gris claro…
Hace años que no veía una por la calle… Acá tenemos una, impecable.
Aprilia Motó 6.5 by Stark, Vía Conca del Navigli, Milano, Italia.




