Mil veces debo

Hoy despego los párpados con la certera angustia de saberme no más que un hueco comentarista de cosas viejas que pelea contra la inercia toqueteando un teclado que le devuelve signos de vida en forma de un texto desesperado. Muta el texto hacia mensaje que será leído del otro lado de la línea por alguien […]

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Hoy despego los párpados con la certera angustia de saberme no más que un hueco comentarista de cosas viejas que pelea contra la inercia toqueteando un teclado que le devuelve signos de vida en forma de un texto desesperado. Muta el texto hacia mensaje que será leído del otro lado de la línea por alguien que si está de buen humor genera una respuesta o en la mayoría de los casos se guarda el contenido entre los dientes y sale a divulgarlo.

Quizás no. Quizás no sale de sus dientes y queda sin recalar en ningún lugar, como un satélite que perdió la órbita y se transforma en basura espacial.

Espacio es lo que nos falta para encajonar la marea de ideas que fluyen a la hora de revisar nuestro trabajo de casi seis años en RETROVISIONES. Estamos de memoria y balance. Estamos mirando alrededor. Estamos planeando.

Planear es un poco volar, pero sin motor. Planear es buscar algo de altura sin más fuerza que la que encuentro alrededor.

¿Habrá fuerzas alrededor que nos impulsen más arriba…?

¿Que habrá? Qué nos queda después del esfuerzo de intentar seguir planeando con la red que nos circunda…

Que tengan un día todo lo bueno que sus fuerzas ascensionales se los permitan. Por lo pronto desde el laboratorio de las rocosas ideas de este lugar, saludamos al pájaro pintado.

Esta es mi nota número mil en RETROVISIONES.

Mil notas.

Mil veces.

 

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