Retrovisiones
Bon Vivant

Tren fantasma

Por Hernán Charalambopoulos

Como ya dijimos en notas anteriores, el Museo Rolando es una caja de sorpresas, y como toda tal, algunas son buenas, y otras decididamente olvidables.

Rescatamos para hoy algunos puntos salientes del carácter de este singular coleccionista que a pocos metros de distancia “atesora” este Chevrolet Corvair al que su anterior dueño quizás sabiendo la mala fama que tenía este auto y lo peligroso que era, decidió encomendar su integridad a un especialista. Fue así que estampó su figura sobre el parabrisas para que el buen Señor mire adelante y lo cuide entre otras cosas, de los traicioneros coletazos del “todo atrás” de GM.


Metros atrás, vemos otra prueba del sarcástico gusto del señor coleccionista quien se hizo con los servicios de un fúnebre Chrysler de majestuosa presencia al que en un acto de pedantería para con el destino, le agregó un ataúd comprado para la ocasión y que apoyado sobre el techo da una imagen muy extraña del panorama.

La colección seguía con autos cortados por la mitad y hechos sillones, pero esas mutilaciones no se las vamos a mostrar. Nos quedamos con el daño que se propina el mismo que ya nos parece suficiente. No dejen de visitar este templo del coleccionismo bizarro en San José, Uruguay.

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