Retrovisiones
Crónicas

Luis Racing Team

Por Valeria Beruto

Hacía un tiempo que Luis se sentía raro y decidió consultar al médico. «Me hierve la sangre», le dijo. El médico lo miró y diagnosticó rápidamente: «Armate un auto de carrera para correr en una categoría del club».

La mujer de Luis ya iba por la cuarta lobotomía para poder seguir viviendo con él, así que cuando se lo comentó ella puso cara de nada.
El reglamento de velocidad del club oscilaba in eternum entre la amplitud del laissez faire total y la restrictividad de una receta de cocina. El año en que Luis experimentó el deseo desgarrador de competir en velocidad era un año reglamentariamente cercano al libre albedrío. Quizás por eso, al repasar los autos que estaban compitiendo se encontró con una disimilitud tal que verdaderamente parecía «La Carrera de los Autos Locos». Incluso creyó verlo a Pierre Nodoyuna. Las opciones eran muchas: ¿auto abierto o cerrado? ¿Apuesto al motor o al chasis? ¿Buzo antiflama común o tipo Power Ranger?

Lo cierto es que más allá de lo que Luis podía soñar estaba lo que el mercado ofrecía y él estaba dispuesto a pagar. Esa ecuación resultó en un BMW 2002 azul. Sin duda la opción fácil y segura. «Gauchito» pensó Luis la primera vez que lo manejó.

Lejos de un mega equipo de competición Luis contaba con su siempre fiel Carlitos, que hacía las veces de motorista, chasista, ingeniero de pista, director de equipo, psicólogo y cebador de mate, cuando no, asador también. Esta suerte de Jean Todt, Di Meglio, Berta, Luca Cordero De Montezemolo y Briatore -sin las minas- se daba maña para todo y hacía del ingenio criollo un producto for export.

Luego de algunas pruebas en el autódromo de la Ciudad de Buenos Aires en las que Luis buscó el límite y lo encontró en cada oportunidad, le sacaron el pasto y la leca que había coleccionado en cada spoiler y se animó a correr su primera carrera. La cita era en el autódromo de La Plata, circuito hostil a la hinchada femenina si los hay. Se trata de una pista que pareciera estar inmerso en un triángulo de las Bermudas climático. En La Plata puede haber vientos huracanados y nevisca mientras que en Martínez toman sol en la pileta. Es un fenómeno muy raro pero real.

Luis era un manojo de tensiones. Lo asaltaba la ansiedad de debutar con un papel digno. Había escuchado tanto a los otros pilotos «cuerear» a los que iban barriendo la pista, sin mirar por los espejos retrovisores o haciendo caso omiso a los banderilleros que lo aterraba ser otro gil más a quien criticar.

Finalmente, el día del debut llegó. Cuando divisó Mundo Grúa sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo y puso el guiño para doblar. La línea de alta tensión que pasa al lado del autódromo le pareció más alta de lo habitual. Naturalmente, marcaba 7 °C menos que en Buenos Aires y corría un fuerte viento del noroeste que viraba al sudeste. Lo acompañaban sus hijos, ya que su mujer hacía tiempo que había decretado no ir a carreras donde no hubiera un spa.

Ahí estaba el BMW inclinándose hacia un lado y el otro con cada aceleración que le propinaba Carlitos en los boxes. Luis no sabía si elongar o tomar la bebida energizante que había llevado. Revisó por enésima vez su posición de manejo. «Debería haber entrenado más», pensó. «¿Qué tal si hoy descubro que soy un talento nato?», «y si soy un talentoso me van a querer mandar al fondo, seguro». Siguió meditando: «si se larga a llover los mato, nadie se va a animar a estirar tanto la frenada del curvón».

Sin pensar más, como para no ponerse más inquieto aún, fue a la reunión de pilotos y ese fue un momento de inflexión. Le dio mucha satisfacción darse cuenta que quienes iban a competir con él eran sus amigos del club. ¿Qué mala intención podría haber? ¡Ninguna! Iba a darse el gusto de correr entre amigos, con los códigos de camaradería que eso implica. Ganar todos quieren ganar, incluso algunos tienen demasiadas ganas de ganar. Pero en el fondo, eran los mismos de las reuniones, los mismos que seguiría viendo todos los lunes a la noche. En ese momento comenzó a disfrutar la carrera, a entender por qué estaba ahí. La película de Schumacher que se había hecho sobre sí mismo la dejó a un lado, sin estrenar.

Continuará…

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Segunda parte: Coleccionistas para coleccionar

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