Tapado con porquerías de origen variado y casi mimetizado con la pared de un patio del conurbano bonaerense, este Toro salvaje espera resignadamente que su dueño, un viejo chapista casi retirado, se decida a restaurarlo.
A mediados de los setenta, los padres de un amigo del colegio tuvieron uno de color azul, con tapizado de cuero blanco, y un pequeño mini bar escondido detrás del apoya-brazos del asiento trasero; así que calculo que hoy los ni los conductores ni el Toro pasarían un control de alcoholemia.
En esa época el auto era una verdadera rareza por su diseño, por la potencia del motor y por el equipamiento. Ojalá el viejo chapista algún día se decida a revivir este ejemplar, aunque estimo que va a ser muy difícil ya que por su estado actual, pienso que es casi irrecuperable.
Fernando Martínez Ferro







a-tracción
¡Salvad ese Lutteral!
Eco
Todavia sirve!!no lo tiren!!
Marcelo
He visto cosas peores y se han restaurado………….