El campeón está intacto

Hace unos meses, invitado o arrastrado por la turba, me volví a subir a un auto de carreras. Todo empezó en Las Tipas, donde almorzamos todos los días. No se habla de temas importantes – más bien, de nada importante. En este menester estábamos cuando me preguntaron si aceptaba un desafío de Gustavo Terrizano. La idea […]

el campeón intacto, las pastas? no...

Hace unos meses, invitado o arrastrado por la turba, me volví a subir a un auto de carreras. Todo empezó en Las Tipas, donde almorzamos todos los días. No se habla de temas importantes – más bien, de nada importante. En este menester estábamos cuando me preguntaron si aceptaba un desafío de Gustavo Terrizano. La idea era dar tres vueltas con su auto de Turismo Nacional Histórico en el autódromo de Buenos Aires, obviamente contra reloj (click aquí para ver la primera parte de esta historia).

terri-happy
– Si no le saco tres segundos por vuelta me hago monje tibetano – respondí sin levantar la cabeza, y seguí comiendo unas pastas que nunca pude diferenciar qué sabor tenían. Ernesto Claramunt, después de levantar la servilleta del piso, sentenció, «Se abren las apuestas,» y allí varios se sumaron. Los números y los importes los desconozco, pero a «éstos» no les sacan un peso ni con una amenaza de Bin Laden. Tal vez se jugaron cinco o seis mangos cada uno, no más. No voy a decir que hubo fraude, lo voy a escribir para que quien esto lea sepa la realidad y pueda, con argumentos ciertos, definir su postura.

póntelo y pónselo

No recuerdo la fecha exacta, pero cuando llegué a Las Tipas y pedí un plato de pastas, la moza me preguntó:
– ¿Con qué salsa?
– Es lo mismo – respondí.
Llegó Carlos Ratto y me consultó:
– ¿No se hacía lo del autódromo?
Yo le dije:
– ¿Era una joda, no?
– No, no, era cierto, te están esperando. Yo voy con Pulenta en un ratito…

Tenía razón, allí estaban. Una vez más pude comprobar que nadie labura. Este dato ya lo sabían, ¿no?

vamos que largamos

El Peugeot 504, bautizado «La Perla,» parecía eso, una perla. Impecablemente armado y presentado, esperaba por mí. Digo así, porque antes de apoyar mi bolso en el piso, Terrizano me dijo:
– Tiramos una moneda… vas vos primero.

Unos años atrás, Ignacio Viale, un hombre muy mayor, me invitó a correr con su Fiat 1500 los 500 kilómetros. Yo le consulté en qué cambios hacía cada tramo del circuito para no estar probando al cuete. Ignacio me confió sus secretos y salí a la pista… Instantáneamente comprobé que él, tal vez por su avanzada edad, o por ser demasiado precavido, no usaba el auto hasta donde podía llegar. Mi teoría, refrendada por Balestrini, es que los motores deben durar exactamente lo que dura una carrera, ni un metro más.

no, no es Nürburgring

Esto de ninguna manera es maltratarlos, muy por el contrario, es usarlos para lo que fueron hechos: para correr. Exprimir toda su potencia no significa romperlos, es hacer lo correcto; los motores no se rompen cuando se los usa bien, se rompen por estar mal armados, o por alguna brutalidad del piloto. No estoy hablando de eso; no se trata de pasarlos de las vueltas previstas. Es buscar la potencia y el torque justo para poner cada cambio en cada curva y poder acelerar desde donde corresponde.
Claro que, cuando uno paga de su bolsillo cada motor hay otras teorías y, desde ya, otras maneras de manejar. Hoy Ignacio acelera mucho mejor, y usa todo el auto; los resultados están a la vista: está en los primeros lugares siempre a pesar de los consejos de su hermano, Atilio, que, calzado en sus botitas de gamuza, recorre el circuito acompañado de otro jovencito, Willy Mieres.

Terrizano me dio sus parámetros:
– Tirá hasta las 6.200 rpm, hasta 6.700 y se aguanta sin problemas – agregó antes de cerrar mi puerta.

eau rouge

Había más gente que en la última carrera de F1. Todos estaban en el paredón. Allí también estaba Daniel Claramunt, como siempre, tirando la gomita. Había colocado en la pista un presóstato para que lo pisáramos en cada pasada y que nuestros tiempos quedaran por escrito.
Aceleré por los boxes rumbo a la pista. Hacía 32 años que no lo hacía en esta categoría.
Cometí un error y no lo quiero ocultar: no hablé con quien hace el motor, Miguel Marroco; me dejé llevar por mi olfato (me estoy haciendo tratar desde ese día) y se me vino a la mente lo que había pasado con el auto de Viale.

Usando mi teoría, el 504 llegaba al tobogán cerca de las 6.600 rpm en tercera velocidad… un poco menos del máximo que Terrizano me dijo. ¿Por qué debería poner cuarta? No la puse. Al curvón del circuito 9 llegaba en cuarta a unas 6.000 rpm, ¿por qué no hacerlo en tercera y tirar hasta las 6.700 rumbo a Ascari? Así lo hice.
Cuando me equivoco, me equivoco y no hay excusas. Yo no pregunté dónde estaba el torque del auto, pregunté hasta dónde podía cambiar y no me mintieron: hasta las 6.700 se podía. Yo no cambié nunca a más de eso – tampoco a menos.

vienen fuerte

Dí mis tres vueltas; no me dieron ni una posibilidad de volver a subir – no era lo pactado. Tampoco se podía ir antes: no es de caballeros… si yo no me subía a un auto desde hacía 35 años, tampoco era justo que el dueño lo haga antes de comenzar el desafío. Hay gente rara.
¿Qué me contaría Ud. si yo le digo que eso no fue lo único?
¿Cómo se sentiría Ud. si le cuento que no fueron «unas vueltitas»? Se tomaron una clase con un maestro como Valentín Bianchi, corrigiendo cada trayectoria, cada frenaje, y cada movimiento de volante. Hay gente muy rara.

No tengo ninguna excusa. Hago una crónica cierta, real y dolorosa de la actitud de un piloto.
¡La vida nos da sorpresas, sorpresas nos da la vida!
Alcides Raies, padre de Gabriel, varias veces Campeón Argentino, acuñaba una frase divertida en su tonada cordobesa, «El mundo es redondo y nos vamos a encontrar.»

saluda como Raies

La temporada Internacional de Kart acaba de concluir. Este año se corrió en Punta del Este. Allí degusté unas pastas con buen sabor. Mi estado físico es deplorable, y en mis vacaciones no quiero pensar en nada, sólo ir a la playa.
Terrizano es seguidor, vive agarrado a su celular y, desde éste, me desafió una vez más…:
– Esta tarde a las tres vamos con todos «los mejores pilotos» de la categoría TNH a correr en Kart, ¿estás?

Esas fueron las últimas palabras que le escuché decir, porque cuando nos dieron luz verde, (sin que Ud. lo tome mal, yo había hecho el mejor tiempo) no los volví a ver a ninguno de» los mejores» pilotos. Más de 13 segundos me separaban de quien estaba segundo. No sé quién es… cuando me iba del circuito aún estaban por terminar…

Con Karts iguales, sin entrenamiento previo de nadie, con un plato de sabrosas pastas en mi panza, con casi 20 años más y sin pertenecer al grupo de «los mejores de la categoría TNH».
Perdieron la clasificación por más de un segundo; el récord de vuelta en carrera (lo hice faltando tres para terminar), por más de un segundo; la carrera, por más de trece. Esto habla de un manejo muy parecido al de Schumacher, ¿o no?

Cristián Bertschi, con sabiduría escribió aquí mismo hace unos meses, «Un tropezón…»
Por eso me acuerdo tanto de Raies, «El mundo es redondo y… nos vamos a encontrar.»

EL CAMPEÓN ESTÁ INTACTO, QUE NADIE LO DUDE.

Bueno, me voy a Las Tipas, esta vez voy a probar con un poco más de sal… por lo menos los fideos tendrán ese gusto: más saladitos.

y hasta parecen amigos...

Rubén Daray (Campeón de Kart Punta del Este 2010)

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