Retrovisiones
En cada esquina

El Buick del “techista” de San Francisco

Por Diego Speratti

Lo que viene este fin de semana es el Rally de San Francisco, elegido por unanimidad como el más amigable del calendario de rallies clásicos de Argentina, por lo menos por la gente que ha participado en el. Allí estaremos para comprobarlo.

Tanto participante como anfitrión, y seguramente en alguna parte “culpable” de esta sensación de bienestar de la que hablan todos los que participan en el rally del noreste cordobés, Alberto Alonso es un reconocido médico psiquiatra, que cuando no le «arregla la azotea» a algún paciente, hace terapia a bordo de sus clásicos.

Alberto no ha faltado a ninguna edición del Rally de Rafaela, la mayoría de ellas presente con su sedán Buick 1939, una figurita difícil en buen estado de conservación que ameritaba mucho más que una foto y una mención. A los dos los conocimos en el rally santafesino y la breve entrevista a continuación nos permitió profundizar un poco más en ellos.

¿Qué representó para la época esta marca y para la marca este modelo?

Buick es, después de Cadillac, la marca de lujo de General Motors.

Tiene el motor 8 cilindros con válvulas a la cabeza que creo que, después del famoso motor Continental, debe haber poco motores que hayan tenido tanta vigencia, porque Buick lo instala en el año 1932 y ese motor sigue hasta el año 1953, siete años después de la guerra.

Cuando todo seguía mejorando, ese motor perduraba, claro que mejorado, con mayor o menor cilindrada, compresión, pero básicamente el mismo 8 en línea.

Tiene 4 litros de cilindrada y debería tener una cuarta o sobremarcha. Es un auto en el que se puede arrancar en tercera si uno quisiera. Tiene un torque bárbaro. Los lomos de burro y todo lo demás los paso en tercera sin problemas.

¿Desde cuándo están juntos?

Lo tengo desde 1999. Originalmente estaba en San Antonio de Areco. Supongo que debe haber pertenecido a una de las familias terratenientes de la provincia de Buenos Aires. El dueño anterior del auto era de Rosario y nunca pude averiguar su historia anterior, se perdieron los rastros.

Giannacaro, que era uno de los restauradores más reconocidos de Rosario, siempre me decía: “no lo vendas nunca este auto porque en Latinoamérica no hay otro igual”. O sea que hay mejores (risas), pero justo como ese no hay ninguno y yo no he visto tampoco. Hay unos 41 hermosos, del 40, 35, 37, también, pero exactamente como este no he visto.

No parece que buscabas este auto específicamente tampoco…

No, por entonces buscaba un Plymouth igualito a aquel en el que aprendí a manejar y pasé mi adolescencia. También podía ser algo de Chrysler, un Dodge, un De Soto y fui a ver uno en Arroyito, pero no se pudo hacer. A raíz de eso empecé a hablar con los amigos que estaban en el tema y me recomendaron este Buick de Rosario. Y así fue; fui a Rosario, lo compré y lo traje andando.

Después de comprar el Buick ya me incorporé a la Asociación de Autos Clásicos de San Francisco. Así me inicié en este hobby, que nunca terminamos de definir si es hobby, deporte o sólo un motivo para reunión de amigos. Debuté en el año 99 en el primer Rally de Rafaela con este auto y desde aquella vez no he faltado a ninguna edición. Lo compré en abril y en julio vine al primer rally.

Y te olvidaste del Plymouth…

Sí, en ese momento, pero después conseguí uno exactamente igual, un sedán cuatro puertas 1936. También tengo un Rugby 1929 phaeton que está hermoso. He ido a Colonia con CAdeAA y he hecho bastantes viajes en él. Lo compré con la capota y el tapizado de fábrica y así sigue, apoliyado y comido por las ratas, pero es el propio.

¿Señas particulares de tu Buick? ¿Cómo y qué disfrutas de tu auto?

Al Buick lo compré restaurado, le he hecho muy pocas cosas. Lo más importante fue la rectificación del motor, que anda perfecto. Mecánicamente está muy bien, ahora se está quedando un poco pobre de pintura, ya le están apareciendo las cuarteadas por ahí.

Tengo andado 39.000 km desde que lo compré y en la familia lo conocemos como “El buique”, que es lo que le salía a mi nietita cuando tenía un año. Dos de mis nietos me acompañan a muchos de los rallies de ellos. Incluso con uno de ellos, con Franco, de 14 años, tuvimos la suerte de ganar en Villa María en “El Buique” (risas).

Ahora el Plymouth y el Buick son los que más uso porque son los más cómodos. En el Rugby ya no es tan fácil viajar porque ya tengo bastantes años, dos más que el Buick y uno menos que el Plymouth (risas).

Fotos: Miguel Tillous y D.S.

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