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Ferrari Luce: ¿Motor Valley o Silicon Valley?

Por Cristián Bertschi

¿Quién iba a decir que iba a volver a escribir en Retrovisiones? Pero, ¿y que el regreso iba a ser con una nota de una Ferrari eléctrica? Obvio, nadie.

Cuando se distribuyeron las primeras fotos oficiales de la Ferrari Luce, mi primera reacción fue pensar que se trataba de una broma. Una joda de prensa. “Mañana sale la de verdad”, me dije. Pero no. La realidad se impuso con frialdad y dejó al descubierto algo mucho más grave que una propuesta estética impactante: la ausencia absoluta de intención de identidad.

Lo que la Luce pone en evidencia no es una crisis de diseño, sino una renuncia cultural. Es la decisión de delegar por completo la propia sabiduría en manos de quien se supone exitoso comercialmente en un lugar como Silicon Valley.

chancle

Las tres variables de la forma

Un auto italiano —y esto aplica con precisión quirúrgica a cualquier Ferrari de la historia— se analiza a través de tres variables fundamentales: proporción, tensión y detalle.

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Proporción
  1. Proporción: Es la manera en que se relacionan y equilibran los volúmenes. En la Luce, la proporción es la nada. Los volúmenes están completamente desbalanceados entre la zona opaca y la traslúcida. Extendieron el negro de la parte superior para disimular el habitáculo y generar el color de la carrocería abajo con el argumento de que «diseñaron el auto de adentro hacia afuera». Pero en un deportivo italiano, el exterior no existe para reflejar el habitáculo; el exterior es la escultura que emociona al mundo, es la sociedad soñando con el objeto antes de acceder a él. Al transeúnte poco le importa lo que sucede Adentro cuando ve pasar a una Ferrari.

    El caballo se quiere ir galopando
    Tensión
  2. Tensión: Es ese rasgo distintivo que, tras percibir la generalidad del volumen, aporta el dinamismo y la intención. La Luce debe ser la primera Ferrari de la historia que carece por completo de tensión. No pasa nada en sus líneas. No dice si va, si viene, si está agazapada o si acaba de llegar. Tanto en proporción como en tension perdió esa herencia esqueuomórfica del carruaje con el caballo adelante y la larga trompa pensada para albergar un 12 cilindros, con la masa desplazada hacia atrás lista para salir disparada hacia adelante.

    triste
    Detalle
  3. Detalle: Es la gráfica fina del producto, la resolución de sus faros, encuentros y superficies. En la Luce, el detalle es un despropósito. Pintaron el remate posterior de negro para esconder los faros y resolverlos con cuatro vasos de helado iluminados por LED. En el frente, unos grupos ópticos caídos sin fuerza ni expresión. ¿Cuántas noches no durmió un carrocero italiano para encontrar la curva exacta de un alerón o una toma de aire? Acá no hay búsqueda; hay resolución rápida justificada con el argumento de la simpleza.

 

dos autos en uno, peor que uno

Se diseña como se come

En tiempos de Enzo Ferrari a nadie dentro de Maranello se le hubiera cruzado por la cabeza mandar a diseñar un auto a California. ¿Por qué? Porque se diseña como se come. Y en California se come mal. Si tu alimento cotidiano es una hamburguesa con tres patys adentro, vas a trabajar con la digestión pesada y produciendo formas con menos recursos conceptuales. Cuando comés una pasta como corresponde, diseñás como se debe.

Entregarle el diseño de una Ferrari a un británico y a un australiano radicados en la Costa Oeste no es una apertura; es un choque cultural. Para ilustrar la gravedad de esto, les propongo una  analogía gastronómica. Imaginen entrar al Ristorante Montana —frente a la pista de Fiorano—, saludar a Rosella y meterse directamente en la cocina a decirle al chef: «Escuchame, haceme un un plato de spaghetti, pero en lugar de 8 minutos dejámelos 12 en el agua, que queden bien blanditos. La salsa bien abundante y chirla. Y por favor, tirále unos langostinos y bastante queso rallado arriba».

Lo que sucede inmediatamente es que te meten una patada y te cruzan al otro lado de la ruta, y que ni se te ocurra volver a asomar la nariz en tu vida. Y tienen razón: los ofendiste culturalmente. No le podés explicar a un italiano cómo cocinar la pasta así como tampoco podés mostrarle cómo se debe diseñar una Ferrari.
Escuchar al cliente y darle el configurador interactivo para que elija la carrocería verde con pintitas amarillas y los tapizados anaranjados las costuras rosas es abdicar del propio conocimiento. ¿Para qué se estudió Historia del Arte, Color & Trim o CMF si el cliente va a decidir a partir de su gusto?

El usuario culto vs. el comprador de acciones

Históricamente, el usuario de Ferrari era un personaje culto. Por supuesto que requería un gran poder adquisitivo, pero ese dinero venía acompañado de una búsqueda intelectual y estética: el tipo se hacía una casa en el lago, compraba un velero, hablaba dos o tres idiomas, cuando viajaba llevaba un traje por si iba a la ópera y escuchaba más de lo que hablaba. Usaba su riqueza para enriquecerse como persona.

Hoy, el comprador tipo de este producto es muy diferente. Hay de todo. Pero a lo que apunta Ferrari es a la experiencia de compra, al relato, a lo que el cliente cree que debería recibir. En muchos casos no sabe ni le importa si el auto lleva un V6 híbrido, un V8 o un V12 aspirado. Solo busca acelerar para que haga ruido, llenarlo de opcionales para mostrar que no es el modelo base y exhibir su gusto que nadie validó. Casi peor aún. Hoy el receptor ya no es siquiera quien conduce el auto, sino el mercado financiero que compra las acciones de la compañía pública. Cuando el foco se traslada del objeto al valor accionario, el auto deja de ser una utopía para convertirse en un mero pretexto comercial.

El precio como único argumento

es guita eh...

Anuncian que la Luce costará alrededor de 700.000 dólares. Pero hoy en día, cualquier fabricante asiático puede reproducir exactamente las mismas prestaciones dinámicas y electrónicas por una quinta parte de ese valor. ¿Qué justifica entonces los $700.000? Únicamente el precio en sí mismo. La escasez programada no es un valor intrínseco, es tan solo la excusa para sostener una número.

Un reloj de alta complicación o un traje de sastre justifican su costo en miles de horas de oficio humano, patentes y tradición artesanal. Cuando la escasez es ofrecida como un atributo en sí mismo y el diseño es un componente tech reutilizable —con un interior más cercano a los accesorios Logitech para gamers que a un puesto de mando que evoca un auto de carrera—, el precio pasa a ser la única narrativa restante.

Reflexión final

Taylor Made

Flavio Manzoni, actual director de diseño de Ferrari —quien suele presentar cada proyecto con bocetos a mano, entrevistas y conferencias—, marcó una distancia elocuente en sus redes: «Ferrari Luce, diseño de Jony Ive y Marc Newson». Punto.

Maranello siempre fue una máquina de producir identidad. En los años ‘50, Ferrari ponía la mecánica y la ingeniería, mientras Vignale, Pinin Farina o Touring vestían el chasis. Pero el resultado era inequívocamente Ferrari porque nacía del mismo ADN cultural. La Luce, en cambio, rompe el mito. Podrá venderse, podrá hacer subir la acción un par de puntos en Wall Street, pero en el registro de la historia del diseño italiano figurará como lo que es: una chancleta eléctrica sin tensión ni alma, nacida muy lejos del Motor Valley.

Logitech

1 comentario

  1. Bartolomeo Costantini

    Nunca pensé que iba a decir esto. Excelente nota Bertschi!
    El párrafo del “Usuario culto vs el comprador de acciones” debería ser de lectura OBLIGATORIA

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