Yo, moderno
Paul Rudolph, este singular personaje y gran arquitecto nacido en 1918, e hijo de un pastor metodista, fue testigo y parte del nacimiento de la arquitectura residencial modernista en Estados Unidos, allá por la década de 1950. En esos eufóricos años, Paul Rudolph se trasladó a Sarasota, Florida (EE UU), donde desarrolló algunos de sus […]
Paul Rudolph, este singular personaje y gran arquitecto nacido en 1918, e hijo de un pastor metodista, fue testigo y parte del nacimiento de la arquitectura residencial modernista en Estados Unidos, allá por la década de 1950.
En esos eufóricos años, Paul Rudolph se trasladó a Sarasota, Florida (EE UU), donde desarrolló algunos de sus más importantes proyectos en este campo. Esta faena le dejó entre otras cosas un eterno apelativo de «Padre del modernismo tardío“, ya que fué el más exitoso de quienes aplicaron este estilo ya no tan novedoso por esos años a las residencias familiares.

Sarasota, epicentro de esta movida arquitectónica, es considerada hoy como uno de los mas vivos ejemplos de este estilo practicado por algunos de los más prominentes profesionales de la época.
Paul Rudolph fue el mas famoso de ellos, y responsable del nuevo estilo arquitectónico basado en sistema de construcción ligera influenciada por el clima tropical. El “Sarasota moderno“, cómo por lo general se llama este estilo, se caracteriza por grandes sombrillas, sistemas de ventilación innovadores, gran tamaño de las puertas de vidrio deslizantes, y escaleras flotantes. Nada de techo a dos aguas, ya que no hay nieve que tenga que escurrir, ni tejas por cambiar.
Estos elementos descriptos, dominan muchos de los edificios construidos en su mayoría entre 1941 y 1966 por Bert Brosmith, Ralph Twitchell, otros colegas de Rudolph, aunque unos años mayores.
Su período de Sarasota culminó con el diseño de la residencia de Milam desde 1959-1961, en la que se crea a partir de la composición de las casillas vacías de hormigón y rectángulos. Gracias al esquema de diseño de esta Cámara (y algunas sinapsis neuronales que empezaban a mostrar signos de fatiga), el trabajo de Paul Rudolph estaba asomando lentamente al nuevo período brutalista, que le valió tantos reconocimientos como críticas.
De este período nos ocuparemos en otra ocasión dejando para esta, los suaves y frescos bocetos en donde afloran sus inquietas propuestas, bien lejos del estilo sobrio y circunspecto de la típica casa americana de post guerra. Nos quedan seguramente sus inigualables croquis en los que expresa una tridimensionalidad pocas veces vista en trabajos de este tipo. Lo conocían?
Ahora pueden cancherear en el bar de la esquina y llenarse la boca hablando del modernismo americano en vez de repetirse una y otra vez el gastado anecdotario de siempre, el prontuario de la vecinita indiscreta, o andar preguntando si hay alguna cachila en venta, y donde esconderla para que no se entere la Bruja…



