Cintu: Del onanismo al enanismo
Vióselo, como tantas otras veces, al buen Cinturonga enfundado en paños que ocultan perennemente su atribulada identidad. Entre confesiones al lado de la botella mientras caían las últimas gotas de sol, declaró alguna que otra travesura de adolescente y las indelebles secuelas que le habían procurado a lo largo de su misteriosa existencia tales prácticas. […]
Vióselo, como tantas otras veces, al buen Cinturonga enfundado en paños que ocultan perennemente su atribulada identidad.
Entre confesiones al lado de la botella mientras caían las últimas gotas de sol, declaró alguna que otra travesura de adolescente y las indelebles secuelas que le habían procurado a lo largo de su misteriosa existencia tales prácticas. Quiso el destino que emprendiendo el viaje de regreso hacia casa creyese nuestro amigo encontrarse en soledad y a la sombra de nuestra mirada sentó a su lado al fetiche que este documento muestra de manera inobjetable.
Amores que matan nunca mueren decía Joaquín. ¿Qué dirá Cinturonga?

