Así nació el auto argentino
Dos chicos en edad de escuela primaria discutían y se peleaban. La maestra se acercó, les preguntó por el por qué de la contienda y uno de los dos dijo: “Él me hizo una apuesta y no la quiere pagar.” La maestra sorprendida y enojada pidió el cuaderno de comunicaciones del acusado y escribió: “Señores […]
Dos chicos en edad de escuela primaria discutían y se peleaban. La maestra se acercó, les preguntó por el por qué de la contienda y uno de los dos dijo: “Él me hizo una apuesta y no la quiere pagar.” La maestra sorprendida y enojada pidió el cuaderno de comunicaciones del acusado y escribió: “Señores padres, he sorprendido a su hijo haciendo apuestas en el colegio, pero lo peor del episodio es que se estaba golpeando con un compañerito porque no quería saldar su apuesta. Sepan que las deudas de juego son sagradas.”
Y como la maestra tenía razón voy a saldar mi deuda para con los amantes de los Falcon con una breve historia.
Durante la segunda mitad de la década del 90 estaba estudiando Diseño Industrial en la UBA y como actividad extraprogramática nos divertíamos dibujando autos con un par de amigos. Íbamos todos los jueves durante cuatro horas al garage de la casa de Jorge Tomadoni, convertido en estudio de diseño de autos. Tomadoni dibujaba muy lindo, le encantaban los autos y había estado en la cocina de proyectos muy interesantes. En sus primeros años trabajó en IKA adaptando la matricería del Alfa 1900 berlina en el Bergantín y también en algunas versiones especiales del Carabela.
Luego pasó a Ford donde desarrolló el resto de su carrera. Allí vio nacer desde el Falcon hasta el Sierra, cuando le llegó la hora de jubilarse.
Para no perder contacto con la profesión empezó a dar clases a jóvenes entusiastas. Algunos harían carrera en Europa como Hernán Charalambopoulos y otros terminarían escribiendo sobre el Falcon en un blog de mala muerte, como yo.
Los cajones del estudio de Tomadoni estaban repletos de dibujos: témperas del Bergantín, pasteles sobre hoja de color del Falcon, rotuladores sobre hoja blanca del Sierra y muchísimas otras cosas.
Un día se nos ocurrió preguntarle por el nacimiento de la rural Falcon, auto que amaba, Tomadoni. Abrió uno de los cajones y sacó un sobre papel madera con fotos. El cuento fue breve en palabras pero frondoso en fotos: “lo hicimos a mano, con los chapistas. Hicimos dos.”
El devenir de la vida hizo que esas fotos fueran a parar a manos de un amante del diseño y de ahí al blog. Los que quieren al Falcon que las disfruten, los que no les recomiendo este video: click aquí.
Y como Speratti me dijo que hay que tirar tema para el debate les tiro el título pero a modo de pregunta: “¿Falcon rural, el auto argentino?”


