Adios a Jorge Augé Bacqué
Si hay algo que detesto, es escribir obituarios. No por el hecho de escribirlos sino porque cuando me toca, se trata de alguien cercano. No me molestaría escribir uno de Mahatma Gandhi, por ejemplo, porque bastaría con leer un poco de historia y ya está. La diferencia está en que cuando me toca, se trata de alguien con […]
Si hay algo que detesto, es escribir obituarios. No por el hecho de escribirlos sino porque cuando me toca, se trata de alguien cercano. No me molestaría escribir uno de Mahatma Gandhi, por ejemplo, porque bastaría con leer un poco de historia y ya está.
La diferencia está en que cuando me toca, se trata de alguien con quien he compartido tramos de mi vida, y cuando muere alguien con quien uno ha compartido tramos de la vida, también muere algo en uno mismo y al mismo tiempo resucita la memoria… resurge el eterno e insoluble -y casi siempre injusto- porqué de la vida y la muerte.
Cuando ingresé a la Redacción de Corsa, allá por 1968, Jorge Augé Bacqué ya estaba ahí. Jorge «Pancita» Augé… eterno elegante… Creo que nació con los mocasines de Guido puestos y el saco azul cruzado de Maneglia, y la corbata Regimental, y el pantalón gris del largo justito.
Ni lanzado ni frac… Saco azul, pantalón gris… la medida de la elegancia correcta y sin estridencias para esa gloriosa época joven de los ’70.
No es cuestión de ponerse a detallar día por día diez años de compartir la vida -en ese entonces, a esa edad, Corsa era LA VIDA- sino de recordar con cariño a Jorge, a quien le gustaban de verdad los autos, no porque fuera un técnico consumado, ni un sabihondo del diseño, ni un analista de la Industria. Simplemente, y mucho más que eso, le gustaban los autos. Es decir, le gustaba exactamente lo que nos gusta, nos une y nos vincula a todos nosotros.
Cuando el horizonte le quedó chico, fundó Road Test. Y cuando se sintió atrapado por los clásicos, fundó Autos de Época, la revista que supo reflejar esta actividad que nos convoca, la revista que íbamos a buscar al kiosco cuando la tinta todavía estaba fresca…
También compartí con Jorge la Comisión del ACA que sentó las bases del actual Sport Histórico y GPA, muchos de nosotros representando a los Clubes y él como moderador por parte del ACA. Y muy buen moderador, porque si algo caracterizó su vida fue la ausencia de estridencias. Digamos que jamás fue un extemporáneo, siempre fue un contemporáneo.
La vida tiene, años mas, años menos, una duración establecida. Los recuerdos no, los recuerdos sobreviven a la vida misma, mientras uno dure, y luego en quienes nos sigan.
El 27 de junio se apagó la aún jóven vida de Jorge. Y ese mismo día cobró la dimensión de recuerdo.
César Sorkin
Foto: Corsa.
