Prácticamente cada pueblo del Uruguay y cada barrio de Montevideo tiene su feria donde comprar bueno, bonito y barato, y por el mismo precio darse una panzada de vehículos que en cualquier lugar del mundo podrían ser piezas de museo. En cambio por aquí el despertador les sigue sonando a las cuatro, cinco o seis para levantarse cada mañana a trabajar.
En la feria de las ferias, la de los domingos en Tristán Narvaja, todavía suele verse un Ford Step Van que vende lácteos (click aquí), el Simca Regence de la señora que vende piezas de cobre (click aquí), amén de numerosos autos ingleses, y pick ups y camiones americanos de pre y postguerra (click aquí), todos vehículos utilizados para llevar el «pescado fresco» y no tan fresco de cada santo domingo.
También sobre la calle principal suele verse esta pick up Fiat 1100, eslabón posterior en el árbol genealógico del 508C o Nuevo Balilla que apareció en 1937, un año después del célebre 500 Topolino de Dante Giacosa. Aprovechándose de alguno de los desarrollos y la estética de su hermano menor, éste proponía un comportamiento inédito (gracias a la suspensión delantera independiente) y buenas prestaciones para un auto pequeño y popular.
Antes de que comenzara la Segunda Guerra ya estaba en el mercado una evolución, el 1100, identificable estéticamente porque abandonaba la parrilla en forma de corazón reemplazando por una más voluminosa en forma de V, que rápidamente recibió el seudónimo de «musone» (hocicón) en Italia.
El 1100 retomó la producción en la posguerra y se mantuvo en catálogo, con las evoluciones B y E, nada menos que hasta 1953, cuando se lanzó su reemplazante, el 1100/103.
Esta pick up 1100 traslada todos los domingos frazadas, almohadas y almohadones, para ser vendidos por sus propietarios. Allí tiene de vecinos a puestos de frutas y verduras, otro donde venden vestimenta para mascotas, y el que ofrece unas saludables gallinas, que cacarean agradeciendo la sombra del eterno 1100 en los días calurosos.













DanielC
Que loco ver la cabina, me trae a la memoria el olor a los coches viejos.
Lo del palier flotante me imagino que es una adaptación libre.
Cambiando casi de tema, esta ciudad (que no tengo la fortuna de conocer) parece Buenos Aires hace 40 años. Esta gente la tiene bien clara me parece.
angel meunier
¡¡Palier flotante!!