Iluminado en la chatarra
Un mes atrás fui al chatarrero. No encontré nada interesante, sólo me traje una matrícula vieja de San José (Uruguay), y un farolito muy simpático de origen italiano. Pero me llamó la atención un chasis negro de Suzuki A50 de 1979. Estaba pelado, contaba con la horquilla vencida, el guardabarros delantero en buen estado al […]
Un mes atrás fui al chatarrero. No encontré nada interesante, sólo me traje una matrícula vieja de San José (Uruguay), y un farolito muy simpático de origen italiano. Pero me llamó la atención un chasis negro de Suzuki A50 de 1979. Estaba pelado, contaba con la horquilla vencida, el guardabarros delantero en buen estado al igual que el velocímetro, y el manillar como recién salido de fábrica.
Volví a casa sin las partes de Suzuki pero con la idea de recuperarlas, a sabiendas que pronto se compactarían.
Durante la última semana, todos los días tuve ganas de hacer una nueva visita al desarmadero, pero las ahuyentaba con el pretexto de para qué más porquerías y qué sentido tenía salvar ese chasis.
Fueron pasando los días y aumentando las ganas de visita a la chatarra, hasta que ayer las ganas se transformaron en intuición y hoy se convirtieron en certeza de que valía la pena ir, porque al final iba a encontrar algo bueno.
En la recorrida no se veía mucho, entre una montaña de garrafas estaba el cuadro de la A50, ya imposible de recuperar. Donde esté se encontraba hace un mes, ahora había una pila nueva de chasis de Zanella, Honditas 50 y un scooter Honda Tact50.
Al costado, di con una bolsa de plastillera super sucia, negra de grasa. Por suerte tuve la curiosidad (¡y el valor!) de ojear en su interior, y allí estaban un farol de Suzuki 80 de 1966, con velocímetro y óptica, una pieza que hacía tiempo buscaba. Y que probablemente hubiese desaparecido para siempre…
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