Noche de Ford en el CAS
El domingo pasado «El Gurí» Omar Martínez ganaba en Toay (provincia de La Pampa) a bordo de un vehículo cuyas raíces lejanas pertenecen a un Ford pero luego devenido en un Turismo de Carretera 2015. Apenas 24 horas después la pérgola del CAS acobijaba dos vehículos de raíces inglesas pero luego identificados con la marca […]

El domingo pasado «El Gurí» Omar Martínez ganaba en Toay (provincia de La Pampa) a bordo de un vehículo cuyas raíces lejanas pertenecen a un Ford pero luego devenido en un Turismo de Carretera 2015. Apenas 24 horas después la pérgola del CAS acobijaba dos vehículos de raíces inglesas pero luego identificados con la marca del óvalo: se trataba de un ejemplar de Ford GT40 de 1965 y una unidad AC Shelby Cobra 427 también de 1965.

Comenzando por el AC, su casi inocente apariencia que proviene del muy británico AC Ace oculta bajo el capot un estruendoroso Ford V8 de 7 litros de cilindrada alimentado por un enorme carburador Holley que entrega alrededor de medio millar de caballos de fuerza. Según el testimonio de su actual dueño toda esa potencia en apenas 2,30 metros de entreejes, un chasis un tanto flexible y una aerodinámica anticuada es francamente indomable. Si bien se trata de un AC, estos especiales de Carrol Shelby están vinculados con Ford por el patrocinio que le dió esta marca al desarrollo en competición de los mismos.
Haciendo apenas un paso de hombre al costado experimentábamos otro ejemplo del salto más grande de la historia de la evolución técnica de los autos de carrera al pasar del simpático AC al enojado GT40.

El avanzado diseño del Lola MkVI GT fue el punto de partida para que Erick Broadley, el mandamás de Lola, y el inglés Len Bailey desarrollaran este GT de apenas 40 pulgadas de altura en un patio trasero de Ford que nombraron FAV (Ford Advanced Vehicles). Abriendo su enorme cobertor trasero encontrámos una preciosa transmisión alemana ZF, un llamativo grupo de cuatro carburadores italianos Weber de 48mm, un enmarañado múltiple de escape, una estructura que combina cajones de chapa con caños de sección cuadrada y, bien escondido debajo de todo lo anterior, un V8 Ford de 4,7 litros. A pedido del público su actual dueño contorsionó su 1,90m de altura para acomodarse en la butaca derecha de la máquina verde y le dió arranque: el bramido fue espeluznante.

El intrincado múltiple de escape cruza de una hilera de cilindros a otra para secuenciar la salida en forma homogénea, quitándole al V8 de cigueñal de planos cruzados su característico tableteo por un sonido rabioso. Para felicidad de su dueño esta unidad cuenta con la «Burbuja de Gurney», que no se trata de un efecto financiero sino de una protuberancia practicada sobre la puerta-techo del GT40 a fin de darle más espacio a los conductores longilineos, como el caso de Dan Gurney.
La presentación y el nivel de originalidad de ambos vehículos era exquisita, agradecemos a Federico por acercarnos estos dos tesoros para admirar y por su testimonio brindado acerca de la recuperación y funcionamiento de los mismos.






