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El arte de chocar

Por Diego Speratti

En horas recientes entré en una librería y vi, por primera vez, un libro del tremendo fótógrafo y policía (sí, al fin algún hombre de la ley con alguna sensibilidad…) suizo, Arnold Odermatt. Todo eso fue motivo suficiente para reunir el trabajo de Odermatt y el del mexicano Enrique Metínides, dos tipos que sacaron de las piñas el jugo más dulce.

A Odermatt lo conocí no hace tanto tiempo, cuando mi amigazo Ramiro me contó de su increíble trabajo de registro de los accidentes de tránsito que acontecían en el cantón donde el hombre vigilaba con pito, silbato y Rolleiflex al hombro. Y con su trabajo se demuestra que se puede ser suizo hasta en el momento de disparar la instantánea de una tragedia reciente. No hay ruido, no hay olor, no hay sangre en sus fotos, sólo el retrato de los vehículos «post mortem», como si hubiesen sido trabajados por un escultor o formaran parte de una instalación artística.

Al buen Arnold llegamos a partir de charlar con Ramiro sobre Metínides, ese otro tremendo fotógrafo, mexicano, reportero gráfico precoz, que desarrolló toda su vida profesional en la sección Policiales de varios periódicos con tinta amarilla y roja siempre fresca.

La obra de este hijo de griegos, en las antípodas del trabajo de Odermatt, también comenzó a reconocerse en círculos artísticos en los últimos años. Charalampos Enrique Metinides Tsironides llegaba siempre a la escena del crimen con todo fresco, gracias a un sistema de comunicación que había desarrollado junto a la propia policía y los organismos de emergencia. Y en sus fotos está todo lo que le «falta» a las de Odermatt, eso que las hace tan nuestras, tan «familiares».

Siguiendo con el tema, y asociándolo a mi recorrido, descubrí que hay accidentes estéticos y autos que chocados son una obra de arte. Algo de esto último me pareció encontrar en un Mazda 323 estacionado junto al km 0 que marcó el inicio de este viaje. Ipso pucho, el herido fue retratado con su lámina todavía supurando, aun y a pesar de que no estuviese seguro que serviría para algún post en RETROVISIONES

Aprovechando la semana fúnebre de RETROVISIONES y para los que no los conocían presento en este post a estos dos artistas que aún viven para contarla.
Algo de la prolífica obra de Odermatt se puede ver haciendo click aquí y también aquí. Las buenas fotos de Metínides escasean en la web (los impresionables lo agradecen), aunque si se puede leer este buen reportaje publicado por El País de España (click aquí).

Lo más recomendable es ver completos algunos de sus libros y en Amazon se pueden encargar. Los de Odermatt están mandados a hacer para la mesa del living, los de Metínides, ustedes sabrán…

9 comentarios

  1. cinturonga

    Mira vos…se me había pasado esta nota en su momento y gracias a la nueva organización, di con ella.
    Lindas fotos…la de la mina enroscada a la columna…fuerte…el golpe que se dió.

    Un carinho glande, Cinturonga.

  2. Marcelo

    Exceptuando la foto de la rubia, las otras son hermosas. NO se si han leido «Car Crashes & Other Sad Stories» (Ed. Taschen) que recopila fotos de Mell Kilpatrick tomadas en los 40 y 50 del siglo pasado. No apto para personas sensibles…

  3. karina

    La primera foto de Odermatt es de una belleza que se me caen las lágrimas!!Tanto que hablan de lo suizos vs los tanos, sangre fría vs caliente, alfas vs saab y Este hombre con esta foto debería ponernos la piel de gallina: retrata tan bien la impasibilidad de la vida ante nuestros dramas humanos, la pequeñez de nuestras peqeñas muertes. Me mató, juro que no la pondría en el comedor, prefiero ver sangre fresca y un pedazo de brazo que esta verdad tan trisssste.

  4. Horacio P. desde Rosario

    La diferencia entre estos dos artista, para mí, reside en el tiempo, Odermatt retrata «naturaleza muerta» mientras que Metínides lo hace sobre «naturaleza muriendo»….

  5. Fluence

    El fotógrafo de Clarín Diego Levy hízo una exposición el año pasado con sus propias fotos de choques, se pueden ver en su web. Particularmente, me provocan una carga de morbo y sensualidad que las hace atractivas, claro, si no pensamos en la desgracia que encierran. La de la mujer y el Datsun parece una puesta en escena de un refinado director (ahí no hay sensualidad alguna, pero sí mucho morbo), en un primer momento parece que no es real lo que estoy viendo.

  6. Don Richard

    Odermatt impecablemente suizo, no hay ni un vidrio roto sobre la carretera pese al accidente. Frío y limpísimo. Una crónica desapasionada.
    Metinides muy latinoamericano, muy prensa amarilla, muy estilo la antigua revista Así! de Argentina. Mucho más humano y apasionado, pero morboso.
    Se ven claro dos mentalidades y estilos tan distintos para reflejar tragedias terribles.

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