Asadito con lectores
Cuando en esa incandescente noche de carnaval en Barranquilla, fundamos dentro de nuestras cabezotas RETROVISIONES, materializar un encuentro como el del último sábado era una de nuestras grandes fantasías: ¡gente encontrándose y conociéndose por culpa y a través de los autos clásicos! Mientras nos subíamos al auto con Bertschi, luego de esa maratónica sobremesa en la […]
Cuando en esa incandescente noche de carnaval en Barranquilla, fundamos dentro de nuestras cabezotas RETROVISIONES, materializar un encuentro como el del último sábado era una de nuestras grandes fantasías: ¡gente encontrándose y conociéndose por culpa y a través de los autos clásicos!
Mientras nos subíamos al auto con Bertschi, luego de esa maratónica sobremesa en la que disfrutamos de las anécdotas de Richard Greene y su Lotus Seven, pensé lo increíblemente afortunados que somos quienes cultivamos una pasión y la dejamos crecer. No importa que sean autos, caballos, jardinería, filatelia, o lo que queramos poner en el altar de nuestros deseos. Compartir veladas como la que vivimos, es una especie de ritual, y una afirmación de nuestros más sanos instintos de tribu, tan primitivos naturales, y antiguos como el bicho humano mismo.
Que un lector, sin conocernos personalmente, nos abra las puertas de su casa, nos muestre su auto, su grupo de amigos, y ofrezca su tiempo para entablar un vínculo que va más allá del teclado, es algo que nos llena de satisfacción, una especie de golosina para el alma que quisiéramos tener siempre en el bolsillo.
Gracias de nuevo Diego por la hospitalidad, el lugar, el garaje, tu auto, el asado… ¡y por el vino!




