Retrovisiones
Diseño

Modernismo catalán

Por Hernán Charalambopoulos

La firma Abadal, homónima de su fundador, Don Paco Abadal, fabricó automóviles entre los años 1913 y 1930. Su sede principal de radicación fue la ciudad de Barcelona, pero durante algunos años creó una subsidiaria asociada la marca Imperia en Bélgica, en donde los flamencos reproducían bajo licencia las ideas del emprendedor catalán. El auto se llamaba Imperia-Abadal en un derroche de imaginación , como pocas veces se vio en la historia del automóvil…

Como tantas otras marcas, difícilmente pase a la historia y difícilmente se hable de ella en alguna sobremesa de club, de no ser por el interesantísimo (desde la estética, claro…) primer modelo de la casa: un auto abierto como todos los de esos años, que montaba pretenciosas mecánicas de cuatro y seis cilindros que querían competir con la ya instalada Hispano-Suiza en el segmento alto de la torta de mercado.

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Nótese la fluidez de líneas del objeto y la volatilidad de sus graciosos guardabarros delanteros que preparan la vista para degustar las suaves y amables curvas del lomo que esconde la tan comentada mecánica. Capítulo aparte el osado remate de la zaga que deja el cuerpo de este automóvil como suspendido y siempre con una ligera sensación de movimiento.

La arquitectura de la entonces pujante Barcelona y su esplendoroso modernismo, sin dudas influyó en lo descontracturado de sus formas y la por momentos insoportable liviandad de su elástica osamenta que no teme a la rígida mirada escrutadora del caballero conservador.

Bravo Don Paco por intentarlo y por haber logrado dar vida a un automóvil de gran personalidad. A cien años del nacimiento de su criatura, lo saludamos y felicitamos por su obra.

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5 comentarios

  1. GRAHAM 30

    El ejemplar de la foto es uno de los pocos que existen en todo el mundo, y está en el Museo del Caramulo en Portugal. Hay otro muy similar… en nuestro país. Hasta hace algunos años todavía en restauración. Lo habrán terminado?

  2. Javier M

    Que concepto tan diferente a los Hispano-Suiza con sus grandes dimensiones y carrocerías.
    La «popa» casi inexistente y los guardabarros como unas orejitas con la curva inversa, el cruce de las nervaduras y la apertura del capot en la linea de crujía… hermoso.
    Los «pudientes» catalanes que compraban estos autos eran caballeros conservadores pero se la jugaban en cuestiones de arte y diseño.

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