Cuando hicimos la investigación del libro del Club de Automóviles Sport, quien suscribe estas líneas y don Cris Bertschi entrevistamos a Néstor Salerno.
Su llegada al CAS

Yo corría carreras cuadreras en moto, en la calle. Tenía una Puch 125. En la segunda carrera me caí y mi viejo me dijo:«Si querés seguir corriendo, te compro un auto; con una moto te vas a matar».
La elección fue un auto sport por lo siguiente: yo quería correr en fórmula, mi sueño era emular a Fangio, pero me dije a mí mismo: «Si me compro un fórmula y no sirvo, ¿a quién se lo vendo?». Hay 15 tipos que corren en fórmula; en cambio,para comprar un auto sport había miles de candidatos que, al menos, querían el auto para pasear con una mina. ¡Y así fue como le compré la ferrarita a los hermanos Camaño!
Llegué al CAS porque tenía que ir a anotarme en las carreras, algo que en esos años se hacía en persona; nada de fax o mail. Aprendí a ser piloto en el CAS, donde tuve roce con gente que tenía experiencia y que me ayudó. Recuerdo puntualmente a don Carlos Najurieta. De ahí en más, pude despegar como corredor.
Mi debut fue en el año 1956, en una carrera en la que entré quinto y a la que fui a recibir el premio de saco y corbata con mi viejo, a Martín y Omar 352. Luego, en 1957, corrí mi segunda carrera.
Aquellos 1000 Kilómetros

Y llegó la tercera prueba de mi corta carrera como piloto. Me anoté en los 1000 Kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires con mi amigo César «Pisto» Reyes. Hubo una batalla de escritorio para que nos dejaran correr: éramos pibes y no nos querían dar la licencia internacional. Enfurecido, le grité al comisario: «¿Y a Luigi Piotti, ese gordo que lo único que hace es comer ravioles, le dan la licencia y lo dejan correr?».
Me acuerdo de que Roberto Bonomi hizo mucho lobby por nosotros. Finalmente, nos dieron la licencia, corrimos y fuimos la mejor pareja argentina y los mejores representantes del club. Se hizo una gran fiesta en la antigua sede del club y nos entregaron la copa que aún conservo.
De toda mi carrera automovilística, ese día es el que más orgullo me provoca, porque en la grilla de partida estaban todos:Fangio, Moss, Gregory, Castellotti, Musso, Von Trips, Behra, Collins y tantos otros.
Los campeonatos y su rival: Jackie Forrest Greene
Fui cuatro veces campeón nacional de la categoría sport: en el sesenta, sesenta y dos, sesenta y tres y sesenta y cuatro, y perdí con Jackie en el sesenta y uno. En esos años se disputaba el torneo entre carreras del CAS y la AAAS. El premio era entregado anualmente por el ACA y la FIA. Recuerdo haber recibido más de un premio en la sede central del Automóvil Club, junto a Juan y Oscar Gálvez…
Mi rival en aquellos años, el único, fue Jackie, con su Aston Martin. Los dos le dábamos al acelerador como gallego a la gaita. Cuando yo ganaba una carrera, mi viejo organizaba una recepción para los amigos en Barracas, donde vivíamos.Me acuerdo siempre de que don Cosulich decía: «Vamos a lo de Salerno a festejar que le ganó de nuevo al viento», ya que, cuando no estaba Jackie, no tenía rivales.
Los autos

Sin duda, tuve de lo mejor en autos sport. Primero, la Ferrari 212 E que les compré a los hermanos Camaño y que había sido de Bonomi. Luego vino la 625 TF, de cuatro cilindros, que había pertenecido a Álvaro Piano. Agregué a la colección el Lancia D24 Sport, que fue propiedad de Perón y que Camilo Gay había comprado tras el derrocamiento, en la subasta del Banco Ciudad. Finalmente, tuve la Maserati 200 SI, un pura sangre total.
Europa, el sueño del pibe

Como era vecino, un día me fui a ver a Fangio a su concesionaria de la avenida Montes de Oca, en la Capital Federal. Yo quería correr en Europa, pero no sabía por dónde empezar.
Cuando llegué, Fangio me dijo: «Me acaba de escribir Marcelo Giambertone, que tiene un F3 para que corra un argentino en Monza». Tomé la carta y partí hacia Europa.
Cuando llegué, Giambertone me dijo que quería mil dólares de alquiler por el auto. «¿Para qué carajo mandaste la carta?», le pregunté. «¡Si sabía que tenía que pagar, no venía!».
Finalmente, a través de otros contactos, conseguí una-silla/butaca, para lo cual dejé en garantía los novecientos dólares que había llevado. Primero corrí con un Wainer-Ford, propiedad de Vittorio Brambilla; luego, con un De Sanctis-Ford y, finalmente, con un BWA-Ford.

En la primera carrera, entre ochenta, logré clasificar trigésimo octavo y llegar décimo. Fangio y Giambertone me entregaron un premio al mejor sudamericano clasificado que, en rigor, fui el único.
Entrevistar a Néstor fue siempre un placer: un tipo ameno, con gran memoria y ajustado a la realidad que vivió y disfrutó.
Que tuvo los mejores, o casi todos los mejores autos sport que hubo aquí, ¿y todos juntos? ¿Quién lo puede discutir?




