Todos a jugar

Acabo de volver de la Bombonera, tan empapado como frustrado por no poder ver a Martín rompiendo su récord, teniendo que conformarme con el maravilloso recibimiento que la gloriosa número doce propinó a sus players. Hambriento y abatido, luego de un baño caliente, me dispuse a ver las fotos del sábado y no podía creer […]

Acabo de volver de la Bombonera, tan empapado como frustrado por no poder ver a Martín rompiendo su récord, teniendo que conformarme con el maravilloso recibimiento que la gloriosa número doce propinó a sus players. Hambriento y abatido, luego de un baño caliente, me dispuse a ver las fotos del sábado y no podía creer que en solo unas horas pasáramos de la bendición, a la más profunda blasfemia contra los que allá arriba se ocupan de preparar la foto del día.

El sábado fue un día para enmarcar, y dentro de lo retratado, estuvo este evento que agrupó  muchas decenas de autos provenientes de variados y numerosos clubes que dieron el presente en el Autódromo de Buenos Aires, compitiendo en distintas disciplinas repartidas entre regularidad y velocidad, siendo la AAAS una vez más anfitrión de todos ellos.

El punto más alto, lo dio la carrera de monopostos con muy buenos ejemplares, entre los que sobresalían los Brabham de la escudería Argentina Automundo, que partiera hacia la aventura europea en 1966, más otros de no menos valor, en magnífico estado de conservación.

Rescato de la calle de boxes un comentario al pasar de alguien que tiene como ganapán un programa de TV que sigue las categorías profesionales del automovilismo, quien celebraba el olor a nafta reinante entre los pits, algo que hoy en día se ha perdido completamente (según él), ya que los sistemas de alimentación están perfeccionados y ya no transpiran más los carburadores como lo hacían en los buenos tiempos.

Como siempre, nos dimos una vueltita por el estacionamiento, en donde encontramos viejas y nuevas perlitas para que nuestros seguidores se deleiten con el backstage del evento.

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