Lancista
Uno de los autos con los que mejor me llevé, y compañero de aventuras sin igual, fue mi Lancia Fulvia 2C. Se lo compré a un abuelo que lo tenía desde nuevo, a los pocos días de entrar como diseñador en el Centro Stile Lancia allá por 1998. Era un deleite llegar manejándolo cada mañana al […]
Uno de los autos con los que mejor me llevé, y compañero de aventuras sin igual, fue mi Lancia Fulvia 2C.
Se lo compré a un abuelo que lo tenía desde nuevo, a los pocos días de entrar como diseñador en el Centro Stile Lancia allá por 1998. Era un deleite llegar manejándolo cada mañana al trabajo, y nunca pude separarme de el, hasta que un día, ya viviendo fuera de Italia (unos cinco años después), pasé a visitar a mis ex compañeros.
Cuando llegó el momento de los saludos, no hubo manera de hacerlo arrancar. Entendí perfectamente el mensaje, y lo dejé quedarse en su casa. Mis amigos lo cuidaron usándolo cada tanto, y hace ya unos años decidieron guardarlo, regalàndole entre todos un merecido descanso junto a otros Lancia en el museo de la marca. Nunca quise ir a visitarlo, quizás por miedo a verlo desmejorado con el paso de los años…
En algún momento nos volveremos a encontrar.
