Crónicas leoninas
Para la muchachada del león, algunos restos de viejas glorias que descansan en distintos estados de conservación del otro lado del río. Para quienes tenemos viejos “yeyos”, dan muchas ganas de repatriar alguno de los muchos 203 que todavía hay dando vueltas, o bien ya reposando en algún baldío. Todos los que vimos están en […]
Para la muchachada del león, algunos restos de viejas glorias que descansan en distintos estados de conservación del otro lado del río. Para quienes tenemos viejos “yeyos”, dan muchas ganas de repatriar alguno de los muchos 203 que todavía hay dando vueltas, o bien ya reposando en algún baldío.
Todos los que vimos están en aceptable estado de conservación, y prestos a recibir una mano salvadora que los devuelva a su cándido pasado.
Capítulo aparte para la casa “Sadar” en el centro de Montevideo, que recibe al visitante con dos ejemplares de 403, uno de ellos, una T4B seguramente francesa a juzgar por sus paragolpes redondeados, parrilla, y sobre todo por el pliegue que separa la cabina de la caja.
Una suerte de repulgue al mejor estilo Bugatti Atlantic, pero en vez de a favor, en contra del viento… Rareza si las hay, así como también su media luneta con vidrio solamente en la parte del conductor. El sedán que estaba al lado, y pese a ser de noche, mostraba un innegable maltrato de sus partes, dejando un sabor raro al verlo asi, perfectible dentro de una estructura que asusta por su magnificencia.
Párrafo aparte para el cartel de la marca encontrado en esa mezcla de desarmadero y parque temático saliendo de Montevideo, en donde hay entre otras atracciones, un avión.
Lavore: Ese cartel pide que Ud. Lo vaya a buscar…




