Era el último día en París después de casi dos semanas muy intensas y quedaban unas pocas horas para emprender el viaje hacia el aeropuerto. Salimos a caminar con los Iacona y para finalizar nos sentamos a tomar un cafecito a metros de la torre de Montparnasse. Enorme fue la sorpresa al ver que la cortesía con la infusión era un «speculoos».
Debo decir que el sabor no estaba mal.




Mariana
(Cae, se embarra, no sabe derrapar con elegancia)
Interesante.
let1969
Por favor, amigo Cintu, su prosa se verá tentada sobremanera para emitir algún jugoso párrafo a propósito del cartel en cuestión. Nadie como ud. para transitar el riesgoso camino que ello conlleva, sin caer aparatosamente en la banquina