
Hay gente que vive obsesionada por los grandes personajes de la historia. Y los hay en todos lados. Sin ir más lejos uno de ellos vive en Luján.
Un día el tipo quiso ser Juan Pablo II en la visita a su ciudad y le montó una pecera gigante a su Rastrojero papamóvil. Otro día se despertó y se propuso volver a la vida al General De Gaulle, a su particular manera.
Recordó las imágenes que había visto alguna vez en «Sucesos Argentinos» del presidente francés paseándose por París con sus amados Citroën DS y en especial de uno que tenía el techo recortado para saludar a sus cófrades y por allí, por el auto, comenzó a revivir al personaje.
Se le hizo difícil encontrar un DS, así que a falta de uno de estos se cruzó con un «cuatro-cuatro» listo para ser «tijereteado» a la Chapron, pero en versión criolla. Por lo menos el origen del auto y cierta contemporaneidad tenían en común.
El soplete no tuvo piedad y arrasó con todo lo que sobraba por encima de la línea de cintura, excepto parabrisas y marco de este. Por las dudas, un caño de sección cuadrada une la parte baja del parante B, que gracias a los análisis del profundo estudio matemático de resistencias y torsiones, impide además que se le la caiga la cola, como sucede invariablemente cuando el acero nacional de estos autos empieza a fatigarse.
El «mayo francés» significó el comienzo de la debacle de De Gaulle y, por ende, de su flota de Citroën DS. La caída del Banco Mayo dejó en «Pampa y la vía» a nuestro héroe, y hoy los restos de aquel auto prescindente de techo descansan donde empieza, o donde termina, como se quiera ver, la Ruta Nacional 5, junto a lo que alguna vez fue su escolta multirracial: un Opel Rekord Olympia c. 1957 y un Toyota Corolla E50 (c. 1979).









Flavio Aquino
Que buena la oportunidad de leer articulos tan bién escritos. Muy buena la foto del perrito!