Nuestra primera enciclopedia

Si habremos molestado primos, tíos, abuelos, padres y todo ser querido o no, que se aproximara a menos de cien metros de nuestra área de influencia para proponerles el desafío de jugar al “Tope y Quartet”… Infinitos duelos con amigos que tras una disputa dejaban de serlo por unas horas, y ante el antojo de volver […]

Si habremos molestado primos, tíos, abuelos, padres y todo ser querido o no, que se aproximara a menos de cien metros de nuestra área de influencia para proponerles el desafío de jugar al “Tope y Quartet”…

Infinitos duelos con amigos que tras una disputa dejaban de serlo por unas horas, y ante el antojo de volver a jugar, se recomponían las relaciones gracias a la indómita pasión en común.

Suena increíble ver lo que generaba el automóvil en aquellos años, y que hoy ya no despierta entre los niños. En una charla entre diseñadores nos quejábamos de que feos son los autos para jóvenes, y que raros nos parecen, a lo que uno respondió: “y que quieren, si hoy los chicos ya no tienen el póster de un auto en la habitación, tienen un monstruo que cambia de forma a cada rato…”.

Esos chicos dentro de unos años van a querer un monstruo como el del póster, pero con ruedas, y no van a soñar con la magia de un auto con forma de auto, y que se sienta como un auto. Benditas cartas, y gracias a todos “grandes” los que llenaron con infinita paciencia nuestros espacios jugando con nosotros al “Tope y Quartet”.

¡¡¡Gracias Diego Diez por las cartas!!!

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