Pebble Beach 2013: Alfa Romeo Superflow IV
Para decirlo en pocas palabras: me partió la cabeza. El jueves por la mañana se realizó el Pebble Beach Tour d’Elegance. Se larga desde el centro equestre, justo en frente de la carpa de Gooding donde luego se venderían más de cien autos, y recorre el 17 mile drive, pasando por Laguna Seca, y termina […]
Para decirlo en pocas palabras: me partió la cabeza.
El jueves por la mañana se realizó el Pebble Beach Tour d’Elegance. Se larga desde el centro equestre, justo en frente de la carpa de Gooding donde luego se venderían más de cien autos, y recorre el 17 mile drive, pasando por Laguna Seca, y termina en el centro de Carmel, una especie de Cariló del Pacífico.
Ese día por la mañana no podía creer estar delante de semejante auto, aunque no podía apreciarlo en su total magnitud por la cantidad de gente y el poco espacio. Hacia el mediodía, nos vimos nuevamente, en Carmel, pero con muchísima gente alrededor intentando sacar fotos, que seguramente terminarían siendo pésimas, como las mías.
Pero estuve al lado, y pude ver cantidades de detalles como la forma en que se guarda el techo de plexiglass en la parte trasera o los extraños cortes de la carrocería cerca del pilar A. Estaba al lado de una pieza única del diseño, y con una historia monumental.
Pero vamos un poco para atrás para entender qué es un Superflow.
En 1953 Alfa Romeo creó una pequeña serie de autos llamada 3000 CM. En mayo de ese año Fangio lograba el segundo puesto en la Mille Miglia con el chassis 128, exactamente el que ilustra estas líneas, pero con una carrocería totalmente distinta firmada Colli.
No vamos a meternos en la historia deportiva particular de cada 3000 CM y sí vamos a ir al destino del chasis #128.
Terminada su vida deportiva, Alfa Romeo entregó este chasis a Pinin Farina para que se divirtiera un rato.
En el salón de Turín de 1956 Pinin Farina presentó el primer Superflow. Tenía guardabarros en plexiglass, colitas en la parte trasera y techo transparente.
Luego, para el salón de París del mismo año, el auto se modificó con guardabarros tradicionales, se le cambió el color y se lo rebautizó Superflow II.
El auto quedó en Turín hasta que en marzo de 1959, en ocasión del salón de Ginebra, se presentó el Superflow III. Esta vez un auto abierto, que prefiguraba las líneas de lo que luego sería la Duetto.
Y finalmente, en 1960, también en el salón de Ginebra se presentó el Superflow IV, o Alfa Romeo Coupé Super Sport Speziale, en la configuración final que es la que se pudo ver en el hoyo 18 de Pebble Beach.
Donde realmente se puede tener un poco de noción sobre la edad del auto es en el tablero de madera por el tipo de instrumentos usados. Pero por su forma es muy difícil de determinar.
En persona impacta. Por un lado las formas conocidas por estar acostumbrado a ver la Duetto hacen sentir que nos conocemos de toda la vida, pero luego el tamaño deja en claro que estamos hablando de otra cosa, de un 6 en línea con tres litros y medio de cilindrada y claro pedigree deportivo.
Además la carrocería está llena de detalles complejísimos formalmente e imposibles de traducir en un auto de producción, por lo que lo hacen absolutamente único.
Estos son los autos que personalmente me gustan. Hiper sutil, complejo y contundente a nivel formal. Correcto en el balance de volúmenes, pero a su vez cargado de tensiones que atraen al nivel de no poder sacarle la vista y sumando los detalles como el sistema del techo, hacen que el saboreo dure más tiempo y vaya evolucionando a medida que se lo degusta.
Todo esto con un pasado de carreras con nada menos que el chueco y el segundo puesto en la general de la Mille Miglia.
Me dijeron que el Best of Show fue un Packard. Ni lo vi.
Felicitaciones, yo me quedo con este plato volador.









