El día que un «Ómnibus» volvió a Rafaela

Pur Sang, el emprendimiento comandado por Jorge Anadón en Paraná, Entre Ríos, le tiene un particular afecto a la ciudad de Rafaela, al rally y a los socios del club organizador, por lo que es habitual que cada año lleve hasta la pujante ciudad santafecina algunas de sus creaciones. Desde los talleres entrerrianos, esta vez […]

Pur Sang, el emprendimiento comandado por Jorge Anadón en Paraná, Entre Ríos, le tiene un particular afecto a la ciudad de Rafaela, al rally y a los socios del club organizador, por lo que es habitual que cada año lleve hasta la pujante ciudad santafecina algunas de sus creaciones.

Desde los talleres entrerrianos, esta vez un Pur Sang SSK abandonó por un rato la buena compañía de otros modelos reproducidos en el laboratorio mesopotámico (Bugatti Type 35, 43, 51, 52 y 55, el Alfa 8C Monza y 308, entre otras), y aunque se trate de una recreación histórica fue, junto al Cadillac 1929, el auto más curioseado del rally celebrado a principios de julio.

De alguna forma, todo esto confluyó para generar, probablemente, el mejor momento del rally (para los pocos actores y testigos del momento), que fueron las vueltas a la par del SSK que compartimos a bordo del auto de Tillous. La idea espontánea fue hacer unas fotos de auto a auto en los siempre fotogénicos peraltes y rectas del óvalo de Rafaela.

Sin querer queriendo esa era la mejor manera de homenajear a la historia, una llena de recuerdos gratos, la que une a los SSK con la ciudad sede de las 500 Millas, carrera en que el mastodóntico modelo debutó en el año 1929 y en la que consiguió nada menos que seis victorias a pesar de que en muchos de los años más exitosos de los SSK no se disputó la competencia.

Por más que estuviéramos generando falsedades históricas pues los SSK originales ni cerca estuvieron de pisar el peralte asfaltado, inaugurado muchos años después (1966) de la participación de los “bondis” tedescos, aquellas vueltas nos acercaron un poco más al clima que seguramente se vivía en las carreras de la época.

El sonido puro y endiablado del seis cilindros de siete litros y su correspondiente “chancho”, las caras “de velocidad” de los tripulantes, deformadas por el viento, el porte del auto y un constante brinco de la rueda delantera izquierda resultaron fascinantes hasta llegar a superar los 150 km/h cuando los pasajeros de la máquina más moderna le pidieron clemencia a su chofer, preocupados también por el buen Antonio, el mecánico y conductor del SSK, a quien no deseaban sumar a la lista de los valerosos pilotos caídos en combate al mando de una de estas bestias.

Hablando de SSK y de mártires, fue Carlos Zatuszek quién inició la saga de los grandes Mercedes de seis cilindros con compresor en las carreras argentinas. Debutó con un K sobrealimentado en 1927, el mismísimo auto que se ganó el mote de “Ómnibus” y con el que ganó el Gran Premio de 1928.

En 1929 se produce el debut de los SSK en Rafaela, con la participación de Zatuszek a bordo del auto con número de chasis 36246. Auto y piloto de origen alemán terminaron segundos.

Otro de los 34 SSK construidos, sobre un chasis con distancia entre ejes de casi 3 metros y ruedas de 20 pulgadas, el s/n 36245, debuta en competencias argentinas en 1930. ¿Su conductor? Zatuszek, cuando no. Nacía a partir de allí una de las relaciones más fructíferas entre un auto y un piloto en la historia del automovilismo argentino.

Al año siguiente la amalgama Mercedes/Zatuszek obtiene su segunda victoria en el Gran Premio a bordo de otra amalgama de metales unidos para la ocasión, la que conformaban el chasis del veterano K con el motor del SSK 36245.

Zatuszek y el SSK 36245 completo ganan finalmente las 500 Millas en el año 1935 y dos años después lo consiguen otra vez con el mismo auto, aunque ya asistidos por el compresor “Elephant” que elevaba la potencia del seis cilindros a 300 HP.

Aquella victoria marcaría la primera vez en que un piloto conseguía repetir victoria en la competencia rafaelina y su vuelta de clasificación, a 190,285 km/h (sobre tierra…) se convertía en el promedio más rápido registrada por entonces al sur del Ecuador, marca batida apenas en 1947 por un Alfa Romeo.

Las 500 Millas de 1937 también representaron la última de las 14 victorias de Zatuszek sobre los Mercedes, pues poco después se mató en ese mismo auto, relevando el recorrido de la competencia que seguía en el campeonato, la de Casilda, también en Santa Fe.

El mismo SSK participó en las 500 Millas de 1938 en manos de Fermín Martín, quien algunos meses después se mató al chocar contra un Reo en el circuito de Tres Arroyos. La maldición de aquel SSK no terminaba allí. El acompañante de Martín, nada menos que Miguel Zatuszek, el hermano de Carlos, también murió en ese accidente.

Sin embargo, ese auto fue a parar a las manos del piloto local José Fanto, quien con el motor y otras piezas terminó armando un auto nuevo, libre de mufa, con el que consiguió otras dos victorias en 500 Millas, en las ediciones 1949 y 1951, mostrando la vigencia del auto aún bastantes años después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial y con más de dos décadas de flagelaciones mecánicas sobre el lomo.

Las otros dos triunfos de SSK en Rafaela las consiguió el chasis 35987 (o 35937) con nada menos que 10 años de diferencia entre ellas pero el mismo as al volante: Luis Brosutti.

Con los SSK originales exportados, le tocó a un Pur Sang SSK trasladarnos al pasado, para recordar las grandes gestas del grand prix germano en la tierra de algunos de sus más grandes triunfos y, a toda velocidad, hacernos revivir mucho de todo el encanto que rodeaba al automovilismo en aquellos años.

Fotos: Miguel Tillous y D.S.

Fuentes:

Fuerza Libre 1919-1942, Guillermo Sánchez

Deutsche Autos 1920-1945, Werner Oswald

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