Se me pianta un lagrimón
Quisiéramos rematar la jugosa saga de historias relacionadas con el Alfa Romeo Canguro con una anécdota que pinta de cuerpo entero la relación de este auto con su creador, y lo que representó para él en ese momento. Transcurría el año 2006 cuando me tocó trabajar nuevamente en Cecomp junto a la familia Forneris. Cecomp […]
Quisiéramos rematar la jugosa saga de historias relacionadas con el Alfa Romeo Canguro con una anécdota que pinta de cuerpo entero la relación de este auto con su creador, y lo que representó para él en ese momento.
Transcurría el año 2006 cuando me tocó trabajar nuevamente en Cecomp junto a la familia Forneris. Cecomp es una de las más grandes compañías constructoras de prototipos de Turín, un lugar a donde acuden todas las casas del mundo a hacer sus maquetas en escala real, o bien los concept cars que se presentan en los salones. Durante los años anteriores, habíamos fomentado una linda amistad con los hijos de don Forneris, ya que compartíamos los mismos colores de camiseta, así que era bastante común ir juntos a la cancha a sufrir por el glorioso Torino F.C.
Estábamos preparando un show car para el Salón de Ginebra (que finalmente se presentó en el 2008), y entonces para cumplir con la misión, nos asignaron un box en donde trabajar con todas las comodidades que el proyecto merecía. Tanto espacio había, que en ese lugar se habían “olvidado” un cascarón de madera con una trompa…
– “¿Gianluca, esto es lo que me imagino?”…”
– «Si, certo, é il muso della Canguro. ¿La conosci?”
Ejem… A ver, a ver…
Luego de contarle mi devoción por el objeto, Gianluca me dijo: “Andá a ver a mi viejo a la oficina y decile que te cuente la historia”. Resulta ser que entre los trabajos que toman estas grandes compañías, figura también el de restaurar vehículos de colección, ya que poseen la tecnología para replicar piezas, y una finísima mano de obra para ensamblarlas.
Café de por medio con el viejo Forneris, y luego de advertirnos de que no le usemos el palco para ver al «Toro» ya que tenía invitados ese fin de semana, el jefe se despachó con la historia. Dijo que el año anterior lo había contactado un coleccionista japonés para restaurar el ya restaurado Canguro. Quería llevarlo a Villa d’Este y descollar en el certamen. En Cecomp aceptaron el desafío, y a cambio de unos cuantos billetes y un par de meses de arduo trabajo, restauraron completamente el auto.
La trompa que le habían hecho no coincidía mucho con las fotos así que decidieron diseñarla en 3D, y luego fresar un cascarón de madera para sobre ese objeto, trabajar el material del auto. Lo más complicado fue dar con las justas proporciones de la trompa, así que cuando tuvieron el frontal listo para ensamblar, don Forneris levantó el teléfono y llamó a un viejo amigo: “Pronto Giorgetto, perché non vieni domani, ti faccio vedere una bella cosa”.
El viejo amigo de Giugiaro nunca le dijo de que se trataba, pero su poder de convicción logró que el famoso diseñador se diera una vuelta por Cecomp, total, no estaba tan lejos de Moncalieri como para rehusarse a la visita.
“Estamos restaurando algo que seguramente te gustará volver a ver”, dijo el jefe. Cuando se abrió la puerta del box, allí estaba su criatura, cuarenta años después esperándolo para el encuentro. Según cuenta don Forneris, Giorgetto se iluminó de tal manera y tanta fue su alegría que no pudo evitar que se le piante un lagrimón. Habían pasado tantos años…
Sin dudarlo, Giugiaro canceló todos sus compromisos para ese día y el siguiente, y ante la sorpresa de todos, se zambulló de cabeza en el modelo. Comenzó lentamente a tocar cada una de las superficies, y a acariciarlas hasta encontrar los defectos.
“Cada nota es un recuerdo que se agita en mi memoria, mis veinte abriles me llevaron lejos…”. Tal como decía el tango, el maestro recordó cada paso, y obviamente revoleó el saco, se arremangó la camisa y se puso a trabajar casi como un poseído sobre el modelo, llenando de indicaciones a los maquetistas que escuchaban atentamente y tomaban nota de cada modificación que había que hacerle a la trompa del auto. Dos días pasó el niño jugando con uno de sus juguetes preferidos, hasta que lo dejó como él lo había pensado en su momento. Agradeció infinitamente el gesto de Forneris, y se marchó hacia su trabajo, que había descuidado por completo… Luego de que se fuera, y con los datos precisos, los técnicos reconstruyeron las superficies en virtual, fresaron una nueva trompa, y finalmente el Canguro quedó exactamente como fue imaginado mas de cuarenta años atrás por su creador.
Al escuchar esta historia el coleccionista japonés odió vivir tan lejos, aunque se ganó una cita con el creador cuando el auto estuviera listo. Con mucho gusto, y sin dolor alguno, arrancó de su chequera un papel por siete cifras, y feliz como nunca, se fue con su auto hacia Villa d’ Este.
¿Y la trompa que sobraba? Es decir antes de que la retoque Giugiaro: ese objeto,también está custodiado por expertos. Se encuentra colgada en la oficina de Lorenzo Ramaciotti, ex jefe de diseño de Pininfarina, y actual responsable de estilo de todas las marcas del grupo Fiat. Fue un inmenso placer reencontrarme con ese objeto colocado en un lugar de prestigio y no olvidado en un box.

