SM llamando a Tierra…
Ya pasaron dos meses desde la afortunada invitación para escribir en Retrovisiones. Poder reflejar mis experiencias en torno a la pasión que nos nuclea en este blog es algo muy reconfortante desde mi adoptiva Inglaterra. Es común asociar situaciones del presente con recuerdos de nuestra infancia. Esa memoria asociativa me llevó en noviembre pasado a […]
Ya pasaron dos meses desde la afortunada invitación para escribir en Retrovisiones. Poder reflejar mis experiencias en torno a la pasión que nos nuclea en este blog es algo muy reconfortante desde mi adoptiva Inglaterra.
Es común asociar situaciones del presente con recuerdos de nuestra infancia. Esa memoria asociativa me llevó en noviembre pasado a preguntarme que fue de todos los autitos que tuve de chico, y sobre todo, que pasó con mi Citroën SM de la colección Corgi Toys. Aquel que siempre se destacó por sobre los demás por su forma tan particular y que hoy día podría describir con exactitud donde tenía cascada su pintura rosa metalizada.
Justamente, el SM fue tal vez, la última locura que despegara del Planeta Citroën. Imaginen la cara del público cuando esa silueta fue descubierta por primera vez en el Salón de Ginebra hace cuarenta años. Los atónitos testigos no podían creer que la marca del chevrón se despachara con este enorme GT y que además saliera a competir en precio y segmento con los Jaguar, Aston Martin o la mismísima Ferrari Dino o -para ponerlo en perspectiva- el equivalente a unas diez unidades del entonces novedoso y único para los argentinos 3CV.
A fines de los sesenta Citroën gozaba de buena salud económica, siendo la marca más vendida en la propia Francia. Entonces, si Citroën quería hacer una Coupé avant garde, tenía suficientes recursos para hacerlo. Más importante aún, todavía mantenía intacto su excéntrico lenguaje de diseño junto con la tecnología de punta de sus productos. Tecnología y excentricismo que los argentinos teníamos vetado con el 3CV y algo muy diferente a la Citroën que conocemos hoy día, víctima del grupo PSA y sus clones de Peugeot, donde sólo el modelo C6 mantiene algo de su memorable genética.
Para empezar, Citroën fue dueña de Maserati desde 1968, cuando el proyecto “DS sport” había recibido luz verde para su desarrollo, encargando a su subsidiaria italiana un motor acorde a los planes de su proyecto. Ya en los cincuenta, cuando Citroën diseñó el DS, sólo se hizo una revisión general del motor 4 cilindros del Traction Avant, descartando el desarrollado inicial del 6 cilindros boxer por falta de presupuesto, motivo que impidió al DS alcanzar la perfección mecánica.
Pero esta vez, el resultado fue mejor, el SM (por Serie Maserati) llevó un corazón V6 de aleación con 4 árboles, el mismo motor que portara la Merak posteriormente. La modesta capacidad de 2,7 litros, para evadir el famoso impuesto francés sobre autos de alta cilindrada, daba 170 caballos (178 caballos gracias a la inyección de nafta desde 1972). Bastante alentador para 1970, tratándose de un auto que pesaba casi una tonelada y media y un aceptable coeficiente aerodinámico de 0,33 Cd.
Las buenas prestaciones y el sorprendente andar de esta excéntrica nave, fueron gracias a la característica suspensión hidroneumática de la marca más un motor vueltero que daba 9 segundos de 0 a 100 con un tope de 215 km/h.
El interior venía con unas butacas al mejor estilo de un Business Class y no nos olvidemos sus faros directrices, negado a los americanos por su desagradable versión del SM. El responsable del styling fue el diseñador frances Robert Opron, que tiene en su haber el Oldsmobile Toronado, los GS y CX de Citroën y la coupé Fuego, tan conocida por nosotros en los ochentas (No confundir con la GTA Max, por favor).
Gracias a nuestra memoria asociativa sobre imágenes y/o formas, podemos ver un cierto dejo de similitud entre los diseños de Opron, que salvando las diferencias, fue que vino a mi memoria el Corgy Toys de mi querida infancia cuando aquel frío sábado de noviembre en uno de mis tours por un desarmadero, vi ese moribundo SM esperando con resignación su último viaje al desguace, debido tal vez, a un dueño cansado de saldar grandes facturas y no lograr tener su SM en buen orden de marcha. Hacia el cierre de esta nota, encontré un inmaculado SM en eBay de Italia con 22.000 km reales, cuyo dueño pedía 14.000 Euros. ¡Una ganga!
Texto: Gabriel de Meurville
Fotos: Archivo Citroën y Gabriel de Meurville






