Una nueva esperanza
El domingo 6 de junio del 2010 quedará en la historia del coleccionismo vernáculo como el momento en que se creó el primer club de automóviles de colección de cuatro puertas en nuestro país. Basta de coupés, cabrios, monopostos, bacquets, y demás manipulaciones genéticas de lo que es la más pura esencia del automóvil como […]

El domingo 6 de junio del 2010 quedará en la historia del coleccionismo vernáculo como el momento en que se creó el primer club de automóviles de colección de cuatro puertas en nuestro país. Basta de coupés, cabrios, monopostos, bacquets, y demás manipulaciones genéticas de lo que es la más pura esencia del automóvil como objeto industrial: una masa de acero que transporta material humano de un punto A hacia un punto B.
Con esa noble premisa, Don Henry F. se propuso motorizar América, sentando un indeleble precedente en la historia de la humanidad. Este acto sería luego tomado como bandera por otros industriales políticos, líderes y demás visionarios de la cosa social, entregándonos al común de los mortales, el más noble de los utensillos para la libertad del alma: el automóvil.
Invocando el propósito agregante del automóvil (y luego de largas y siempre bien regadas charlas conceptuales), decidimos fundar en la esquina de Nicaragua y Gurruchaga del barrio de Palermo una libre asociación de espíritus sensibles a toda cachila de bajo perdigué que circule por las rutas del mundo, habiendo servido el encuentro casual con este Siam Di Tella como disparador de nuestros elevados ideales.
No faltó el momento intelectual de la velada a cargo de Manuel Speratti quien con académicos y certeros fundamentos, describió las aletas traseras del Di Tella como un magnífico ejemplo del racionalismo gótico inglés de finales de los cincuenta. La foto testimonia el instante de iluminación de nuestro cultivado amigo, y su posterior discurso catequizante sobre el tema. Prometió Manuel ahondar en esta vanguardia desconocida cuando el club rinda un cálido y merecido homenaje al modelo anglo argentino en lugar todavía a confirmar.
Luego la emotiva ceremonia en plena vereda despidiéndonos del propietario del Di Tella, y al dejar el 403 en el garaje, apuntamos la proa del Forcito hacia San Telmo, en donde en plena sobremesa de mondongo y puchero, comenzamos a delinear el estatuto de nuestra asociación libre, definiendo que solamente serían aceptados autos de cuatro puertas. Nada de hatchbacks, fastbacks, cinco puertas,o demás derivados lujuriosos de las ascéticas y voluntariosas berlinas que decidimos enaltecer desde este lugar… Es que los pobres sedanes andan por la vida como parias sin un techo que los cobije, sin nadie que le preste la mirada al menos por un instante, y siempre eclipsados por la encopetada estampa de coupés y cabrios, que se llevan siempre el descontado aplauso de la platea.
A quienes deseen formar parte de las huestes del club y enrolarse en nuestras filas, exigimos la posesión de un objeto rodante de cuatro puertas con más de veinticinco años de antigüedad. Los formularios estarán listos a la brevedad.



