El difícil encanto de los autos vintage
Lectores RETROVISIONES - 15/10/2009
Este año me pude dar el gusto y fui a Autoclásica. Nada voy a agregar a la excelente muestra de este año que no se haya dicho o mostrado en la cobertura que RETROVISIONES brindó a todos sus lectores.
Autoclásica siempre es un motor de encuentros, ideas y reflexiones. De sólo caminar y escuchar los comentarios de la gente, algunos un poco graciosos, se van disparando los pensamientos.
Uno de los comentarios que más escuché este año, tal vez dos o tres veces, fue el que me motivó a recurrir al teclado nuevamente a plasmar mis ideas.
Mientras contemplaba la lujuriosa fila de Rolls Royce, o la majestuosidad de los ocho vintage Bentley expuestos, un joven le decía a su pareja: “La verdad que a estos autos tan viejos no los entiendo…”
Y eso me llevó a analizar por qué tantos fanáticos, entre los que me encuentro, se apasionan con autos de hace 70, 80, o más años siendo que no fueron los autos de su juventud, o más aún, ni siquiera habían nacido sus padres cuando esos autos rodaban por las rutas y/o circuitos del mundo.
Es verdad, para qué negarlo, los autos post vintage o anteriores (reniego de usar el término preguerra, es de regularista) no son fáciles de entender. Y cuanto más viejos más difíciles. No se parecen en nada a un auto actual, y no son de ninguna manera fáciles de mantener o de usar.
¿Qué es entonces lo atractivo? ¿Qué los hace irresistibles?
A mi modesto entender lo más importante es la historia. Uno ve en estos autos a los primeros eslabones de la cadena de la historia del automóvil. Se puede ver en ellos plasmada una época diferente, y de alguna manera nos permiten trasladarnos a ella. Son verdaderas máquinas del tiempo. Quien tiene la enorme suerte de subirse y manejar, por ejemplo, uno de esos Bentley, tiene la posibilidad de vivir otra época por lo que dure el viaje. Un tiempo tal vez distinto, hasta más simple e infinitamente más glamoroso.
De esto último se desprende otro punto importante: las sensaciones. No he tenido la oportunidad de manejar ninguna de esas joyas. Solo tuve la dicha de ser llevado de acompañante una vez en una Bugatti y la experiencia fue fantástica. Puedo asegurar que lo que se vive a bordo en un auto así a 90 km/h es superior a un deportivo moderno a 300. Y eso amigos, es la verdad de la cuestión. Lo que importa es lo que se siente, y no el frío número de la velocidad alcanzada.
Para no fijarnos sólo en lo prestacional, lo mismo puede decirse de ser llevado de pasajero en el Rolls que fue elegido Best of Show, por ejemplo. ¿Quiénes habrán estado sentados en este lugar en los años 20? ¿De qué conversaciones o historias fue testigo? A mí esas preguntas me desvelan y además ¡no creo que haya una manera más glamorosa de ser transportado!
Otra de las cosas que atraen a algunos coleccionistas es el desafío implícito que conllevan estas máquinas. El solo hecho de mantenerlas es toda una aventura que depara caminos inverosímiles. El crecimiento de la cultura de los autos clásicos en el mundo ha ayudado al coleccionista en gran medida, pero nosotros estamos a miles de kilómetros de distancia, así que igualmente hay que agudizar el ingenio y tener una paciencia infinita. Hay que entender que se está lidiando con máquinas por demás añosas, que tienen sus mañas, y tienen sus propios tiempos para todo. Definitivamente tienen una “personalidad” que hay que respetar.
Eso hace que el hecho de completar una prueba deportiva, sea una recompensa enorme a los esfuerzos del coleccionista.
Para mí tiene mucho más mérito el abnegado piloto de un Hudson que da la vuelta, que el de un 911 modelo 71. Resulta una obviedad al escribirlo, pero es curioso que no todos lo vean así.
En Autoclásica pude ver que la llama por los autos vintage está más viva que nunca. Las pruebas deportivas para estos autos (Mil Millas, etc.) han ayudado mucho a la repatriación de unidades importantes, aunque también hay que decirlo, ha hecho que algún personaje sólo compre un auto “por el handicap”. No importa, los buenos autos siempre terminan en manos de la gente adecuada, después de todo un vintage no es para cualquiera… a la larga.
Pero me estoy olvidando de lo más importante. Y vamos redondeando. Para apreciar, valorar y en última instancia poseer (en el sentido amplio) un auto vintage hay que saber. Cualquiera puede maravillarse ante una Ferrari nueva, siendo yo el primero, pero valorar en serio un vintage implica conocimiento. El placer por un vintage entra en la categoría de gustos superiores en los que el intelecto le da más disfrute y profundiza la experiencia. Y eso amigos, no se compra en un remate.
Beto Toledo.
Categorías: CrónicasFecha: 15/10/2009
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Tomás
Estimado Beto:
No pretendo polemizar contigo, menos aún sin conocernos. Pero no puedo dejar de sentir que estás buscándole la quinta pata al gato o el pelo en el huevo. Si bien todas tus elucubraciones tienen mucho de cierto, creo que son accesorias.
Ese joven que «no entendía los autos viejos» me recuerda a mi mujer, una santa que tolera estóicamente mi enfermedad «autista», pero que cree que un Peugeot 404 y un Di Tella 1500 ¡son iguales! Seguramente ella tammbién fantasea acerca de la vida de los pasajeros de una limousine y sabe que Isadora Duncan murió estrangulada cuando su echarpe se enredó en la rueda de un auto, pero le importa un pito que el auto fuera un Amilcar. Para ella, como para tantos más, el auto no es más que una herramienta, un enser doméstico.
Para los que creemos «entender» los clásicos son muchas cosas: «máquinas del tiempo» (ahí estoy de acuerdo con vos), objetos de arte algunos, curiosidades excéntricas otros, barrocos o funcionales, pero todos objetos industriales que asaltan nuestra imaginación.
Los ingleses tienen un dicho: «Beauty is in the eye of the beholder» («La belleza está en ojo de quién la ve»). Creo que ahí yace el quid de esto de «entender». Por eso es que yo trato de explicarle a mi mujer por qué me causa tanto placer que mi humilde Alfetta sea «rossa» y ella me explica por qué tal o cual corbata combina mejor…
PD: Seguramente el joven de tu relato, cuando se paró frente a la Panamera, exclamó: «¡¡¡Uh, que nave!!!»
Alberto Toledo
Estimado Tomás:
También sin ánimo de polemizar. Y te pido por favor que no te ofendas con lo que te voy a decir. Estoy totalmente de acuerdo con vos!!!
Bartolomeo Costantini
Muy buenas nota. Prácticamente me leyó la mente este muchacho!! Bertschi: no serás vos no?
Cristián Bertschi
No, yo uso mi nombre, no tengo nombre artístico.
anoNimo
Beto,
estoy bastante de acuerdo en tus comentarios o análisis sobre el tema. Pero también hay cosas que hay que tener en cuenta para poder entender a este «muchacho» y no creo que este tan equivocado su comentario.
El tema de los autos nuevos o modernos me parece que es muy fácil «entrarle», cualquiera puede quedar sorprendido ante una de estas máquinas, sin tener conocimiento alguno, ni haber vivido experiencia alguna con alguno de estos.
Caso contrario lo veo con los autos clásicos y cuanto mas viejos, mas notorio. Creo que la pasión de un vintage/preguerra no es algo que viene innato sino que se aprende, se vive y se alimenta. Me pasa a mi, y creo que a la mayoría de las personas segùn lo veo. Mi pasión por estos autos fue algo que fui y sigo adquiriendo con el tiempo (gracias a un virus que me contagio un amigo).
De mas joven (hace ya mucho tiempo), hubiese dicho lo mismo que ese joven dijo al estar frente a un Rolls, incluso hasta le hubiese puesto mas énfasis «como les pueden gustar estas poro…s?».
Pero con los años y la posibilidad que un amigo me dio, descubri un mundo increible que es el de los autos vintage/viejos/preguerras/.
Es muy fácil después de haber bajado de una bugatti, pensar «epa!, estos autos no son tan aburridos». El tema es que no todos, incluso muy pocos tienen esta suerte. Por eso es que el comentario de este joven no me parece «raro» ni equivocado, quizá si, falto de vivencias o acercamientos a este mundo.
Lo nuevo siempre llama la atención, o casi siempre….para lo viejo hay que dedicarle un poco mas para que llame la atención, pero una vez que se encuentra este gustito, incluso llama mas la atención que lo nuevo.
Tomás
Estimado Beto:
¡Muchas gracias por el complemento y el «cumplimenti»! El tema daría para escribir volúmenes enteros pero esta ventanita -más el poco tiempo disponible- acaban encorsetando las palabras.
Supongo que yo también tengo cosas en común con tu joven: me pasé cuatro días con los ojos como el «dos de oros» en Autoclásica, pero no sé si me bancaría cuatro días adentro del Louvre. Probablemente acabaría parado frente a un Picasso, diciendo: «No lo entiendo»…
anoNimo
Tomas,
rescato tu gran frase: …parado frente a un «Picaso», diciendo: “No lo entiendo”.
Bombero Involuntario
Parece que nadie quiere polemizar, y yo no voy a ser menos.
Yo me siento Nuvolari, en mi humilde fantasía, si tengo la suerte de manejar un preguerra (uso ese término porque es de regularista), y me siento Hurley Haywood si manejo un 911. Y Munari si subo a una Stratos, y Traverso en una Fuego. Cada auto contiene historias especiales relacionadas con su época, historias de diseño, de ingeniería, de competencias, de glamour. Está tan bien Hurley Haywood como Steve Mc Queen, y un 911 evoca a ambos. Es cierto que tiene más mérito, desde el sacrificio, una vuelta en un preguerra que una en un 911. Pero desde la pasión, el mérito no puede medirse, y a falta de pasionómetro, los méritos me parecen equivalentes.
Finalmente, cuidado con eso de «saber». Ojo con los que parece que saben, y cuidado con los que parecen no saber. Después de todo, nadie nació sabiendo, pero los libros no muerden, y están al alcance de cualquiera. Y lo único que no se compra -ni se vende- en un remate, es la pasión.
Bartolomeo Costantini
Muy buen comentario bombero!!!! Me gusto lo de que la pasión tampoco se compra en un remate. Muy atinado.
Ahora bien, releyendo los comentarios veo que en el fondo están todos de acuerdo. Y agrego algo con animo de polemizar: el agujero de Nuvolari se compra o no en un remate?
Tomás
¡Ay, ay ay, Bombero…! Sin ser experto en temas psicológicos o psiquiátricos, lo tuyo me preocupa. Un tipo que puede sentirse Nuvolari, Haywood, Munari, Traverso o McQueen, ¿no padece delirios de grandeza? O la cuestión de las personalidades múltiples ¿no permite diagnosticar un cuadro esquizoide? Je, je, je…
Ahora, permitime una disquisición muy sutil. Como sugerís, el «saber» se adquiere. El «entender» -y creo que de esa palabra surgió el debate- es algo visceral. Personalmente, yo sé que sé bastante poco de «vintage» (o preguerra, o clásicos, o como quieran llamarlos) pero eso no me impide «entender» y apreciar la belleza, en ocasiones la fealdad, la sutileza, los excesos, la funcionalidad, la brutalidad de estas máquinas que «asaltan nuestra imaginación».
El «saber», en gran medida, se compra cuando se compra un «broli». El «entender» -al igual que la pasión, como vos decis-, no.
Pero, bueh, ahora quizas sea yo quien esta buscandole la quinta pata al gato o el pelo al huevo.
César
Estimado Beto:
Leí tu nota, y los comentarios realizados por amantes y entusiastas, por las distintas marcas y años, pero cuando veo un auto me remonto a «Fangio» y a «Repetto». A «Fangio» cuando en su libro relata que la primera vez que manejó un auto, apretó el embreague, el acelerador, y ve el desempeño del vehículo en movimiento, como algo con vida propia, con el tiempo máquina y hombre se integran, y realizan grandes proezas. Con «Repetto» el zapatero que le dió vida a Pinocho, admiro y trato de interpretar, la tarea de los artesanos de las distintas épocas, que le dieron vida, a estos vehículos, quizás tambien el tipo de trabajo y el remánticismo, nos ayuden a apreciar el talento y la mano de obra especializada, en cada época.
Saludos César.
gropius
un escultor sueco de quién en este momento no recuerdo su nombre, hizo unas esculturas con movimientos muy orgánicos(entiendase seres vivos)que fueron financiadas por la B.M.W.(lo ví en una página web.)
Los movimientos los realizaban las esculturas, por medio de energía eólica; pero lo que quiero rescatar es la frase del personaje y que creo cuadra muy bien en el contexto de este post; era: «la diferencia entre ingeniería y arte existe solo en la mente de las personas».
amén.
Antonio Alves
Un slogan de los 70 decía:
Alfa Romeo, cuando la tecnología es arte
Hugo Semperena
Mi caso es curioso. Tengo un vintage, pero no es el auto de mi infancia, ni siquiera del de la infancia de mi padre. Y por qué me gusta un vintage?, realmente no lo sé muy bien, sin embargo me atraen sus formas, percibo varios oficios hoy desaparecidos (al menosen la industria del automóvil, como la ebanistería, carpintería, trabajo en alpaca, cromados, etc. Ver las líneas cuidadas, molduras, detalles que parecen más de joyería fina que de un simple auto (insignias de radiador esmaltadas y bañadas en oro o plata, luces traseras en vidrio con relieve, etc.)
Y respecto a entender o no entender un vintage, definitivamente entiendo más a un vintage. en su andar, sus reacciones, e incluso sus pequeñas (o no tanto) mañas. Es que en general su concepción es mucho más simple que la de un auto actual, totalmente invadido por la tecnología y la informática. Eso explica porqué cuando aún hoy un vintage encara una travesía por cualquier parte del mundo (recordar los Dellepiane, o aún los Zapp desde Bs.As. a Alaska con su Graham Paige 1928) llegan, indefectiblemente llegan. Es que si tienen algún inconveniente en el trayecto, siempre hay alguien para resolverlo, se entiende se descubre el problema, incluso se reivindica el tan mentado «lo atamos con alamabre…».
Por eso entiendo y amo a los vintage, aún a expensas de sacrificar comodidad y confort (para eso tengo el living de casa…)
Saludos a todos
admin
Gracias Hugo por tu aporte.