Invasión de pista
El 7 de diciembre decidí ir al autódromo a ver la final del TC. De tanto en tanto voy; el ruido de los autos y en general el espectáculo que brindan me gusta. Cuando llegué la sensación fue rara: voy a ver TC desde la década del ochenta, y esta vez no había ni bullicio […]
El 7 de diciembre decidí ir al autódromo a ver la final del TC. De tanto en tanto voy; el ruido de los autos y en general el espectáculo que brindan me gusta. Cuando llegué la sensación fue rara: voy a ver TC desde la década del ochenta, y esta vez no había ni bullicio ni alegría; no estaba la estentórea voz por los altoparlantes, muchos de los VIPs estaban cerrados, había menos promotoras, y no hubo ni espectáculos aéreos, desfiles de viejos autos y demás.
Esto era comprensible, ya que la muerte de Guido Falaschi caló hondo no sólo en el TC sino en el automovilismo argentino en general, y todo lo relatado surgía como una suerte de luto necesario.
Voy a analizar ahora el status quo del autódromo y las medidas de seguridad, algo que hice en mi nota anterior relativa a la muerte de Falaschi, en aquel entonces focalizado en el circuito de Balcarce (ver nota aquí).
El autódromo de la Capital Federal está en un estado calamitoso, deplorable, triste. Hay mugre y basura por todos lados, casi todo está roto o deteriorado o bien no cumple la función que debería. En los baños no había agua. Los alambrados están en muy malas condiciones, oxidados, con agujeros y lugares que dan paso a la pista.
Las puertas de acceso al estacionamiento son chicas, lo que dificulta entrar y salir con el auto, convirtiendo esto en una odisea innecesaria.
Da la sensación de que nada está a la altura de una categoría como el TC, que lleva pilotos, autos y equipos que valen millones.
Los boxes, disfrazados con biombos laminados con coloridas publicidades, no son ni más ni menos que aquellos que albergaron a la novel F1 en 1953. Y esto para el TC; el TC Pista debe conformarse con gazebos en lo que era el estacionamiento de boxes.
Este estado calamitoso se traslada a la pista.
Hace poco tuve la oportunidad de girar en un auto y luego de hacer a pie parte de la recta del fondo y Salotto, y la pista y sus accesorios, languidecen, diría, heridos de muerte.
Obviamente el TC como categoría nada tiene que ver con esto, creo que por el contrario, es la única categoría en nuestro país capaz de llenar este y cualquier autódromo. Pero creo que es hora que la ACTC empiece a mirar un poco a donde lleva el espectáculo, porque así como está, nuestro autódromo provocará sin duda alguna otro accidente de proporciones en cualquier momento.
Parte del presupuesto millonario en danza, debería empezar a decantar hacia los escenarios. En su momento les quedó chica la ruta; hoy ya les quedan chicos los autódromos.
Durante la carrera hubo un par de salidas de pista con reingreso de los autos en el sector del final de la recta del fondo; estando cerca del lugar, las maniobras helaron la sangre, porque quienes se iban afuera, volvían saltando por el pasto, directo a la curva de Ascari, que conecta con la recta que lleva a la horquilla. En especial hubo dos autos que volvieron a pista de manera totalmente inconsciente e imprudente, y estuvieron «a esto» de provocar un accidente en plena zona de aceleración… al menos esta vez, no hubo nube de tierra.
Esta recta que lleva a la horquilla tiene un buen lejos, pero cuando uno se acerca y ve el estado del pavimento, pianitos y demás… es muy angosta para albergar a tres TC a la par.
Pero quería llegar a este punto: la invasión por parte de la gente a la pista… algo que el TC no ha podido controlar en forma alguna a los largo de los años. Ni bien la carrera terminó, es decir, cuando quienes estábamos en las tribunas de la recta que va a la horquilla, supimos que Emiliano Spataro había ganado, hubo una invasión absolutamente ridícula de la pista desde todos los sectores. Para ese entonces, la carrera seguía, ya que de los 46 autos, solo los punteros habían pasado por la bandera a cuadros.
Evidentemente la gente que hace invasión de la pista, con sus hijos en brazos o agarrados de la mano, no tiene idea los metros por segundo que recorre un TC, y menos aún la manifiesta y concreta posibilidad que ante la invasión de pista un piloto pierda el control del auto y todo termine en una masacre.
Está visto que la gente no entiende que no tiene que invadir, entonces acá sí la ACTC tiene una responsabilidad, una deuda a subsanar.
No lo duden, en este estado de cosas, el próximo accidente fatal puede venir de la mano de esta nefasta actitud del público.
¿La carrera y el campeonato? Un gran espectáculo en pista con dos grandes talentos como son Ortelli y Rossi; un merecido sexto campeonato para alguien que trabaja en forma profesional y a conciencia, que ha mantenido este estilo desde sus comienzos.
