Un domingo clásico
No hay ningún reglamento que rija como mostrar el amor por un automóvil antiguo. Disfrazados o tatuados, con pocas horas de diferencia y menos kilómetros de distancia, conseguimos estas dos instantáneas de la buena manera que eligieron ellos para soportar mejor un día de lluvia en la Ciudad de Buenos Aires. El chofer del Ford […]
No hay ningún reglamento que rija como mostrar el amor por un automóvil antiguo. Disfrazados o tatuados, con pocas horas de diferencia y menos kilómetros de distancia, conseguimos estas dos instantáneas de la buena manera que eligieron ellos para soportar mejor un día de lluvia en la Ciudad de Buenos Aires.
El chofer del Ford T parece encajado frente al volante de su espectacular town car. El gris de su disfraz de chauffeur de época formaba un cuadro en blanco y negro con el color del auto y la oscuridad de un cielo enojado. Todo esto sucedía poco antes del mediodía en Núñez, en el marco de la recreación de la Recoleta-Tigre.
Emiliano tiene desde niño predilección por los autos norteamericanos, especialmente por el Impala 1960 y por el 1964, y si es una cupé mucho mejor. Y hoy decidió ir por primera vez al encuentro «yankee» de las tardes de domingos frente al lago de Palermo. Allí llegó con el Impala 1964 que lleva tatuado en el brazo y con la cupé 63 «de carne y hueso» con la que convive en estos tiempos.

