Una gota de agua en el océano
Diego Speratti - 06/05/2010¡Qué lindo es Zapallar! A unos 80 km al norte de Valparaíso y a algunos menos de Viña del Mar, esta es la playa bañada por la sangre azul de Chile.
La conocí en la mejor época del año, con un sol abrigador (el agua del Pacífico sur siempre es helada) y sin un alma (casi) merodeando por sus calles y accidentadas playitas.
El Renault 4 tuvo a bien empezar a quejarse cuando circulábamos por la carretera de Los Vilos a Valparaíso, justo en la encrucijada de caminos que permite desviarse hacia Zapallar. No quedó otra que «tirarse al agua» y conocer esta especie de Carmel-by-the-Sea sudaquiano.
Las manos mágicas de Samuel resolvieron prontamente las nanas de la renolenta y Elizabeth, la chica que atiende el negocio de artesanías justo delante de la casa de Samuel, me ofreció un cuarto en la casa familiar.
Con la vida resuelta, aproveché para montar mucho en bici y buscar al “jet set” de coleccionistas con máquinas dignas de post en RETROVISIONES, imaginando que en algún momento del año pisarán esas calles los mejores clásicos de Chile.
Nada de nada, hasta que frente a las luces del restaurant popular de Zapallar, el famoso “El Culebra”, no apareció un “Best of Show” pero sí una “chata” Chevrolet Apache 61/62 con patente argentina y pinta de ir y venir seguido por los Andes para vender algo que escondía su caja.
Decidido a encarar al conductor de las mil gestas sanmartinianas, pasé de entrevistador a entrevistado cuando metros antes me abordaron dos personajes locales, para preguntarme acerca del R4, la razón de sus colores, el origen de su placa y más o menos lo que se pregunta todo el que se topa con él y, por ende, con éste su conductor.
Cuando llegamos al punto de hablar de RETROVISIONES, Camilo se entusiasmó contándome de las locuras de su tío, que además de barcos, está construyendo un extraño auto sport. Ah… para entonces la pick-up Chevrolet se había esfumado.
Palabras más, palabras menos, le pedí a Camilo que me enviara fotos e info. Muy poco tiempo después las tenía en mi correo. Ese material me despertó tanta curiosidad que enseguida me contactó con su tío Juan, y a partir de allí un breve intercambio de mails aclaró, en parte, las intrigas que genera este curioso auto sport.
“Me dedico a diseñar y construir veleros en un campo cerca de Santiago. De construcción de autos no sé nada, pero eso sí, siempre me han gustado. Este es mi primer intento, y al final la diferencia entre construir un barco y un auto no es tanta”, empezó reseñando su proyecto, Juan García de la Huerta.
En la breve charla en Zapallar, Camilo me contó que el auto de su tío era un BMW y mientras yo fantaseaba con descubrir algún 328 de preguerra o quizá un Z1, con el primer correo y las fotos caí en cuenta de que se trataba de un auto completamente artesanal, con mecánica de BMW.
Juan profundizó al siguiente mail: “No es una copia de nada, pero tiene una marcada influencia de los aero «gota de agua» de Talbot-Lago de antes de la guerra. De ellos desciende también el Jaguar XK120, podría haber un parecido ahí”.
Entre las fotos del proyecto apareció también la de un BMW E28, donante aunque nos duela tanto de motor como de esqueleto y entrañas. “El bastidor se cortó por la mitad y se le quitarán 45 cm de largo más el pilar central. La puerta delantera se unió con la trasera para formar una sola y se le añadió otro tercer pilar para que la puerta quedara de un tamaño adecuado.
En el sector del torpedo y parabrisas, se angostó 20 cm de modo que el bastidor visto de arriba tenga forma de cuña y se redujo la altura del conjunto en alrededor de 15 cm. El techo y el tapabarros serán de fibra de carbono”, siguió resumiendo Juan algunas de las tareas ya encaradas.
En cuanto a la mecánica, Juan transplantó el seis cilindros de tres litros, con carburador de cuato gargantas y caja también de cuatro marchas (“habrá que hacer algo con eso”, acotó).
A partir de allí más adaptaciones: “se acortó el eje cardán en 45 cm y el conjunto suspensión delantera/dirección se corrió hacia proa también 45 cm para mejorar la distribución de pesos, al quedar el motor más centrado. El auto conserva la trocha y distancia entre ejes del original y la geometría de la suspensión es la misma”.
Del habitáculo no hay fotos, ni tampoco mucho trabajo hecho, apenas voluntades. “El interior lo quiero bastante simple con muchas partes de metal visibles, algo de cuero y madera, que es mi especialidad”.
Sobre el origen de esas elegantes Rudge de rayos, Juan cuenta que las ruedas y mazas son de Austin-Healey y las consiguió a través de la página ebay.
Ansioso por ver el resultado final, Juan trabaja sin prisa pero sin pausa en el. “Lo empecé hace tres años y avanzo cuando los yates me dejan tiempo libre”.
¿Y cuando lo tenga listo? “El uso del auto no lo tengo definido, lo que más me importa es la satisfacción de hacerlo, más adelante no sé”. En este punto hay algo que lo preocupa y no es precisamente el laborioso proceso de construcción. Así lo cuenta: “acá los autos deben pasar una revisión técnica, la que se hace con criterios bastante estrechos. Un auto hecho en Chile les podría producir un bloqueo mental o algo así a las autoridades”.
Cada gota de agua cuenta en el océano y estamos seguros que pronto, a pesar de todo y todos, Juan será otro de los dichosos conductores de un auto sport. Y por si fuera poco, el producto de sus sueños hecho con sus propias manos.
Fotos: Juan García de la Huerta (BMW) y D.S. (Zapallar y Valparaíso)
Categorías: Bon VivantFecha: 06/05/2010
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