Pequeña historia del HRG Aero

En 1971, con veintitrés años, ya estaba casado y mi esposa esperaba un bebé; no obstante, el sueño del sport se mantenía intacto y no pasaba día sin ojear las páginas de avisos económicos, buscando un HRG, un MG, un Morgan, un Singer, o algo parecido. Finalmente apareció un aviso ofreciendo un HRG 1.500 «Aerodinámico». […]

En 1971, con veintitrés años, ya estaba casado y mi esposa esperaba un bebé; no obstante, el sueño del sport se mantenía intacto y no pasaba día sin ojear las páginas de avisos económicos, buscando un HRG, un MG, un Morgan, un Singer, o algo parecido.

Finalmente apareció un aviso ofreciendo un HRG 1.500 «Aerodinámico». Sabía bien como era un HRG convencional, pero ni idea de como era un «Aerodinámico». Sin reparar en la posibilidad de que fuera muy diferente, volé a verlo. Me sorprendió ver un auto tan distinto; sin embargo, pasado el primer momento y mirando su carrocería verde RAF con la capota beige, asientos de cuerina negra, el gigantesco volante y el tablero inundado de relojes Smith…. me enamoré perdidamente; sobre todo que, a pesar de no ser barato; el precio, comparado con otros, era muy razonable.

Según me contó el propietario, la residencia de éste auto en Uruguay respondía a varios episodios absolutamente fortuitos. El HRG 1.500 «Aerodinámico» fue de un anglo-argentino, Eric Forrest Green, corredor de autos, ganadero y representante de Bentley y Rolls-Royce en Argentina. Como buen inglés le gustaban todos los deportes y todos los veranos cruzaba con su familia, a bordo de un velero, el Río de la Plata , anclándolo en el puerto de Punta del Este. Durante su estadía en Uruguay, los Green se hospedaban en una estancia próxima al balneario, propiedad de un amigo inglés y en 1952, Eric trajo el Aero, para sus desplazamientos por la península.

El 24 de enero de 1954 Eric Forrest Green, corriendo con un Aston Martin DB 3/1 los 1.000 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, muere trágicamente a causa de las heridas recibidas al chocar contra un guardarail, volcar, salirse de la pista e incendiarse su Aston.

Por esos años, Juan Domingo Perón gobernaba Argentina, y a raíz de un conflicto diplomático, rompe relaciones con Uruguay, quedando los argentinos impedidos de viajar a la república oriental. Los Green, por razones obvias, no retornaron por mucho tiempo. Y en los trámites sucesorios (aparentemente) olvidaron incluir el Aero, que quedó en el garage del amigo inglés, en Maldonado.

Este último retornó a Inglaterra, dejando la casa cerrada y con algunas existencias en su interior. Años después fue vendida y el nuevo propietario encontró, entre los trastos, un auto abandonado en el galpón. Cuando se dispuso a reciclar la casa, ofreció el HRG Aero al contratista, como parte de pago por las obras a realizar. Este aceptó, sacó el auto del galpón y no sabiendo bien qué hacer con él, se lo vendió a un panadero de la zona. El panadero logró empadronarlo en Maldonado, lo puso en marcha, le quitó la tapa del baúl, adecuándolo, de esa forma, para el reparto de pan. Por mucho tiempo, el HRG, fue visto, recorriendo las calles de Maldonado y Punta del Este con un par de inmensos canastos, repletos de pan francés.

Un día el pobre Aero no pudo más de tantas nanas y quedó abandonado. Por fin lo compró un buen hombre, salvándolo de una muerte segura, e intentó restaurarlo, pero la empresa le quedó grande y se lo vendió a un amigo, que después de unos cuantos años de ardua tarea, le devolvió la salud.

Luis De Idoyaga, que así se llama este último propietario, después de tanto trabajo, debió radicarse en Estados Unidos por trabajo y se vio obligado a poner el HRG a la venta, una vez más. Ahí fue nuestro primer encuentro.

Desde ese momento, el HRG 1.500 Aerodinámico entró en mi corazón.

La realidad fue terrible; comenté con mi familia, que quería comprar ese auto y pusieron el grito en el cielo. El auto indicado para pasear con la familia debía ser un Ford Prefect o algo similar; nunca un sport, para dos personas, que en invierno le entraba agua y frío por todos lados; así que, momentáneamente, abandoné el proyecto.

En 1974, había pasado mucha agua debajo de los puentes y varios autos: un Topolino, un Vespa 400, un Isetta, un Austin A40, hasta llegar a un soberbio Citroën 11 cabriolet de 1938.

Una tarde iba en el Citroën por Av. Agraciada y veo estacionado un coche color naranja con el capot y las ruedas negro mate… ¡sorpresa!, era el HRG Aero. Frené, bajé a mirarlo y tratar de conversar con su nuevo propietario. Pregunté a varias personas y di con él. Luego de charlar un rato, le pregunté si lo vendía; contestó que sí y le propuse una permuta pelo a pelo, mi Citroën por el Aero; la respuesta fue: ¡NO¡; pensaba que su auto valía más. Mi coche estaba excelente; el suyo, un carnaval, sucio, aboyado y con faltantes. Por un tiempo no volví a verlo.

Dos años después, un exportador de autos antiguos, Leopoldo Sterning, me invitó a ver sus autos. Le había comprado a mi amigo Gerardo Castillo su HRG 1.100 y poco después compró un 1.500 con motor Peugeot 203, de un amigo de Castillo, Leslie Indarte, alias “El Tigre”.

Sabía que Sterning tenía dos HRG, pero mi sorpresa fue la de encontrar, tambien, el Aero. Los tres estaban completamente desarmados. Cuando me dijo que usaría el Aero como donante para restaurar los otros dos autos, la respuesta fue irreproducible. Por suerte me escuchó.

Diez años después; en 1986, llegó por mi taller José Fablet (propietario de otro 1.100) con un individuo (argentino) que terminaba de comprarle a Sterning los tres HRG.

Estaban tal cual los había visto en 1976, desarmados totalmente y en cajones. El argentino me encargó que (sin apuro) armara el Aero, devolviéndole su aspecto original y que una vez cumplido el cometido lo usara, disponiendo de él como si fuera mío. Él iba por más de un año a Europa y recién, a su retorno, vería qué destino darle al auto (en ese viaje se llevó el 1.100 y el 1.500 encajonados).

Inmediatamente puse manos a la obra y en menos de seis meses estuvo totalmente armado, pintado de verde inglés y en perfecto orden de marcha. En setiembre de 1987, participé en el circuito semi-permanente del Real de San Carlos (Colonia del Sacramento) en una competencia amateur, amistosa, de autos sport organizada por el Montevideo Classic Car Club, ganando la serie de 1.100 a 2.000 c.c. con el Aero, y quedando segundo en la general detrás de un Allard.

En esa prueba participaron: un Sumbean Talbot Mk II Tourer; un Allard; un Austin-Healey 100; dos MG TC; dos Fiat Spider 1.200; una Maserati 1.100 monofaro; un Healey-Silverstone; un Jaguar Mk II 3.8; un Triumph TR 2; una Ferrari 250 Super América; un Lotus Elan; un MG B; un Delahaye Le Mans 3.5; un Morgan Plus Four; etc. etc.

A fines de 1987 su legítimo dueño retornó al país y se llevó el auto; con el tiempo lo llevó a Europa y nunca más supe nada.

Tengo la convicción que, de los años que el Aero vivió en Uruguay, realmente, la época que lo tuve, fue la más acorde a su linaje, participó en eventos y reuniones de autos sport y fue muy bien tratado. Espero que haya terminado sus días en buenas manos, como merece.

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