Aventuras bonaerenses en Austin Seven
Santiago Sanchez Ortega - 14/03/2013A mediados de febrero llegó a Argentina el grupo de aventureros ingleses que intentan unir Buenos Aires con New York en tres Austin Seven, como lo hizo John Coleman en 1959 y previamente A. F. Tschiffely en 1925 con sus dos caballos criollos.
Luego de un par de días de aclimatación, y mientras esperaban la llegada de los autos desde Tilbury, fueron invitados por el Club de Automóviles Clásicos a compartir un almuerzo en su sede de San Isidro. Hubo muchos socios e invitados que asistieron con sus autos para recibir a los cinco viajeros. Entre ellos se pudieron observar varios modelos de diferentes épocas, como un Lancia Lambda, una Ferrari Dino, un MG special, un Bentley, un Plymouth y otros. Al rato apareció el único Austin Seven, representando la marca y el modelo de los invitados, que fue recibido con aplausos.
El almuerzo fue muy agradable y entretenido con las palabras de Jack Peppiatt, líder del grupo, junto a Alec Daly, presidente del club, que inmediatamente congeniaron en armar un speech al mejor estilo de los Monty Python. Luego se sumó Dick Alexander, el más mayor de los dos únicos testigos presentes de la llegada de John Coleman hace 54 años. Recordó algunas anécdotas divertidas cuando lo recibió en su casa y cuando lo despidieron en caravana de autos vintage hasta una parrilla en Pilar. Negó que lo haya recibido con una pistola sobre el escritorio, como relata el propio Coleman en su libro Coleman´s drive. Muy pocos le creyeron a Dick…
Después de comer nos quedamos charlando entre los autos y se intercambiaron historias con los ingleses, como la que contó Chuzo González (h). Él fue el otro testigo, siendo un niño, de la visita de Coleman, y recordó cómo se creó el Vintage Car Club Argentina, a partir de la inspiración que les transmitió este aventurero, que se lanzaba a cruzar tres continentes con un autito diminuto, sin saber una palabra en castellano, y sin la menor idea de mecánica. Así fue como su padre y otros entusiastas crearon el VCCA, que se podría considerar el origen del actual Club de Autos Clásicos de San Isidro.
El martes 19 de febrero fue el día que fueron a buscar sus autos al puerto de Zárate. Después de esperar más de cinco horas les entregaron los vehículos y, para desgracia de ellos, descubrieron que les habían robado todas las herramientas de dos de los autos (uno de los cuales tenía las originales), los repuestos que llevaban para todo el viaje, y algunos productos básicos como comidas enlatadas y algunos ítems de higiene como jabones y shampoo.
El golpe fue duro, especialmente para Diana que perdió las herramientas que habían sido de su padre. Para los testigos argentinos que estábamos ahí fue un momento muy vergonzoso, de mucha indignación e impotencia. Por suerte, su gran entusiasmo les hizo superar el momento amargo y trataron de asumirlo como el primero de los muchos problemas que sortearán a lo largo de toda la ruta.
Miércoles 20, a la mañana; el encuentro fue en la Plaza de los Dos Congresos, frente al Congreso Nacional, tal cual lo hizo Coleman respetando el Km. 0 del país. La salida, afortunadamente, fue muy tranquila porque ese día era feriado y casi no había tráfico por la ciudad. Inmediatamente aparecieron sobre la Costanera Norte, donde se podía ver un embravecido río que anunciaba lo que sucedería.
El promedio de la velocidad crucero en la ruta era de 60 km/h y de a ratos subía a 65. El mediodía los sorprendió en la pintoresca parrilla rutera El Vagón, cerca de Capilla del Señor, sobre la ruta 8. En un momento dado, en pleno “lunch”, apareció Richard Greene en su Lotus Seven que había llegado tarde a la salida y los fue siguiendo hasta alcanzarlos. Cosa que no le costó mucho…
Al rato, nuevamente en la ruta, pero a los pocos metros nos encontramos con otra sorpresa folklórica: un tremendo piquete cortando la ruta, con gomas quemándose y todo. Era un grupo que reclamaba más seguridad vial y que terminen de una buena vez la autopista hasta Pergamino. Esa misma mañana un hombre se mató chocando contra un camión en ese mismo lugar.
El tráfico se desvió por un barrio privado que hay a la izquierda donde el asfalto de las calles realmente dejaba mucho que desear, a niveles merecedores de hacer un nuevo piquete… A los pocos minutos estaban a fondo otra vez en la ruta 8.
En Capitán Sarmiento entraron a cargar nafta y mientras se esperaba para llenar los tanquecitos, el cielo empezó a cambiar de nublado a plomizo oscuro. El diluvio era inminente. Minutos después llovían calefones.
De nuevo en la ruta. Richard decidió dejar su Lotus en la estación de servicio y acompañar a Stan que viajaba solo. Tal vez no se dieron cuenta pero cometieron el error de que ellos tomaran la delantera del convoy. El problema era que ese auto tenía roto el dínamo e iba sin luces. La lluvia no cesaba ni por un segundo y los camiones, que a pesar que tienen prohibida la circulación los días feriados, estaban todos juntos ese día. El spray que les arrojaban a los Austins eran más bien baldazos y por unos segundos desaparecían de la ruta. Realmente, una marcha peligrosa.
A la tarde llegaron al campo, unos kilómetros antes de Pergamino, donde los estaban esperando para pasar su primera noche del viaje. La entrada eran cinco kilómetros de tierra y justo acababa de parar de llover, así que el barro estaba en su peor momento. El que relata iba en una camioneta de doble tracción que, sinceramente, la tuvo que pelear bastante para no caerse en una cuneta. Los autitos ingleses pasaban como si fueran flotando. Verlos pasar por los charcos era un espectáculo maravilloso.
Finalmente llegaron al destino donde los esperaban con un copetín amable y la tormenta volvió a golpear hasta la madrugada siguiente. Al otro día se encontraron con un día espectacular de sol y ni una nube. Aprovecharon para secar sus autos, regular frenos, inflar gomas, comparar varillas de aceite y demás detalles de un auto en viaje. Un breve almuerzo con las sobras de la noche anterior y largaron nuevamente hacia el oeste, hacia la gran cordillera. Esta vez el camino de salida fue un poco mas piadoso.
Jack, Amanda, Stan, River y Diana en estos días están llegando a la frontera de Chile con Perú. Los pueden seguir y comunicarse con ellos a través de su blog austinsinamericas.co.uk
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Categorías: Bon VivantFecha: 14/03/2013
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Muy buena tu nota Santi; Fue muy emocionante la recepción y el almuerzo en el C.A.C, y el dibujo que me mostro Charles Walmsley, con las firmas del Chuzo y Mama casi «me muero».
UN GRAN ABRAZO
Mariana
Que lindas imagenes!!
Gonzalo Balaguer
Muy linda nota y fotos. Apláusos para los «aventureros».
Papanuel
Quierooooo! Qué coches tan hermosos!
Hector Moroni
Hola Santiago.Muy linda la nota, lástima que no me enteré para poder ir al agasajo a los aventureros ingleses con mi Austin Seven como asi tambien los otros que hay en la Argentina.Otra vez será.
Saludos
Héctor Moroni
carralfer
Que la próxima vez esten todos los Seven argentinos