Te acordás hermano: la curva más tramposa del GP 1965

DS: Mario, que lindo la pasamos aquel sábado viendo rally nacional en San José, tomando unos Malbec, comiendo un asadazo bajo el ombú y escuchando tus historias de altri tempi. Tengo a mano las fotos del accidente del Fiat 1500 en el Dique los Molinos y quería que me recordaras la historia por escrito para […]

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DS: Mario, que lindo la pasamos aquel sábado viendo rally nacional en San José, tomando unos Malbec, comiendo un asadazo bajo el ombú y escuchando tus historias de altri tempi. Tengo a mano las fotos del accidente del Fiat 1500 en el Dique los Molinos y quería que me recordaras la historia por escrito para nuestros lectores de RETROVISIONES.

Mario Pérez Lavagnini: Corría el año 1965 y a un grupo de amigos uruguayos, se nos ocurrió en el mes de octubre concurrir a la primera etapa que llegaba a Carlos Paz, en Córdoba, del Gran Premio Argentino. Éramos estudiantes universitarios, promediando en ese entonces los 22 años de edad, y partimos hacia allá en un Volvo 122S de 1963, propiedad de uno de los integrantes del grupo.

Llegamos a Córdoba sin ningún inconveniente y al otro día elegimos ir al Dique de los Molinos para ver el pasaje de la competencia. Entre los competidores, había un grupo de uruguayos que participaban y a los que íbamos a hacerles fuerza. Entre ellos estaban Carlos «Yuyo» Lepro, con Carlitos González como copiloto en un Alfa Romeo GTA (a la postre ganadores del Gran Premio de ese año en la categoría C), Héctor Marcial Fojo con un Saab 96, también lo hacía Vivo con un Saab 96, lista a la cual se agregaba nuestro amigo Arnaldo «Pipo» Castro, con DKW 1000S.

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El Dique de los Molinos, es un lugar hermosísimo, y veíamos los allí presentes en un magnifico palco «avant scene” el pasaje de la competencia. Desde ese lugar, casi de frente a 150 metros, el camino se perdía en una cerrada curva pegada a la sierra, dejando hacia el lado contrario, una peligrosa pendiente cubierta de rocas y piedras de gran tamaño, salpicadas de vez en cuando, de algún tinte verde proporcionado por los árboles achaparrados y arbustos espinosos residentes de ese paraje.

Los primeros autos pasaban tomando la cuerda de la curva, rozando literalmente las rocas circundantes del camino, tratando de no acercarse al otro borde a fin de evitar un desplazamiento o derrape del auto lo que lo llevaría a caer por la pronunciada y peligrosa pendiente. El lugar, la estrechez de la ruta, la velocidad hacían imposible el concebir o atreverse el sobrepaso en ese lugar; de hacerlo, el resultado de tal irreflexiva audacia, tendría sin lugar a dudas un final no deseado.

Recuerdo que la corta distancia que nos separaba de la curva nos permitía escuchar primero, el ruido inconfundible del motor del auto que se acercaba a tomarla, primero un rebaje necesario para encararla e inmediatamente la careta inconfundible de un Peugeot, de un Renault Gordini, de un DeCarlo, de los Fiat en sus diferentes versiones, los Alfa Romeo, los Saab, los DKW y tantos otros, para luego de superada, calzar una tercera y luego la cuarta, para perderse de nuestra vista en el sinuoso camino. Recuerdo que con nuestros amigos y alguien más del público, como diversión extra, tratábamos de descubrir por el ruido del motor el auto que se aproximaba, llegando a apostar la cena de la noche al que lograra mayores aciertos.

Transcurría la carrera y en determinado momento, escuchamos el ruido no de un motor sino de dos, que se acercaban a la peligrosa curva, los vimos llegar casi juntos: por la cuerda un Peugeot 404 pegado a la sierra, por fuera en forma más que riesgosa un Fiat 1500 berlina que trataba de sobrepasarlo. Era físicamente imposible, que pudiera sobrepasar al Peugeot, la curva no lo permitía.

Surgieron palabras mezcla de temor y sorpresa, entre el puñado de personas que estábamos allí, luego un silencio sepulcral (aun hoy lo recuerdo…), siguió un bloqueo de frenos del Fiat 1500, tratando el piloto de evitar lo inevitable. No lo logró: el auto salió despedido en un vuelo hacia el vacío, cual pájaro sin alas, cayendo estrepitosamente, dando tumbos sobre y entre las rocas, en esa pendiente cuasi precipicio interminable. Todos quedamos paralizados, era una escena que no queríamos ver, el auto cayendo, golpeando, dando giros interminables acompañados por ruidos de la carrocería al golpear sobre las rocas al ir descendiendo, volando partes del auto en su frenética e incontrolable caída.

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Fueron segundos interminables, parecían de nunca acabar hasta que el Fiat detuvo su incontrolable marcha a muchísimos metros de la ruta. Luego el silencio, esa visión nos paralizó, quedamos como congelados, sin reacción, solo una persona, con cámara de fotos en mano corrió, cruzo la ruta tratando de captar para siempre en blanco y negro esas imágenes realmente increíbles. Quizás el, sin darse cuenta, nos animó, con su corrida a los mas jóvenes a intentar bajar entre las rocas a ayudar a los accidentados, si es que aun y a pesar de todo estaban con vida.

En el fondo, cada uno de nosotros, sabía que era casi imposible encontrar a alguien vivo dentro del destrozado auto, pero el deseo y la esperanza nunca se da por perdida. Aun nos faltaban como 100 metros para llegar al lugar donde se encontraba, cuando el auto se balanceó sobre la roca en la cual había quedado e inmediatamente escuchamos el chirriar forzado de la puerta delantera derecha, abierta por la presión de las piernas del copiloto. Eso reanimó nuestro esfuerzo, apuramos nuestros pasos saltando de roca en roca para llegar apresuradamente a su lado, a efecto de ayudarlo, al ver que el mismo se agarraba el pecho con evidentes señales de dolor, posiblemente alguna fractura de clavícula o de costillas.

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Del piloto pensamos lo peor… pero milagrosamente lo vimos salir por un espacio de la chatarra en la cual se había convertido la berlina. Nos acercamos a ellos, los ayudamos penosamente a subir la inmensa cuesta de roca, al dolorido copiloto apoyándose y profiriendo ayes de dolor a cada paso, mientras el piloto maldecía la mala suerte que había sufrido.

Finalmente llegamos a la ruta, se acercó el público restante conjuntamente con los fotógrafos y periodistas deportivos apostados a efectos de cubrir y trasmitir estos hechos. El cronista deportivo de Radio Rivadavia con micrófono en mano encaró al piloto del Fiat 1500 siniestrado y le preguntó lo que todos hubiéramos querido preguntarle ¿Cómo se animó a intentar sobrepasar al Peugeot 404 en una curva tan peligrosa? Y el piloto con un tono impertinente y en una jerga o modismo tano-aporteñado lo miró y le dijo enfáticamente: «¡No, no es una curva peligrosa… es una curva tramposa!» Y para cerrar la entrevista. le confesó al periodista: «¡esta es la segunda vez que me caigo aquí!».

Fotos: Horacio Speratti y Archivo Speratti

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