19 Capitales 2014: crónicas charrúas
Las primeras jornadas del «19 Capitales Histórico» tuvieron un invitado imprevisto que alteró un poco los planes: la lluvia. Si bien es cierto que estamos, básicamente, ante una carera de regularidad, los tramos de tierra -mucho más divertidos para manejar y para presenciar- debieron ser, hasta ahora, totalmente suspendidos. Una lástima, pero lo que se […]
Las primeras jornadas del «19 Capitales Histórico» tuvieron un invitado imprevisto que alteró un poco los planes: la lluvia. Si bien es cierto que estamos, básicamente, ante una carera de regularidad, los tramos de tierra -mucho más divertidos para manejar y para presenciar- debieron ser, hasta ahora, totalmente suspendidos. Una lástima, pero lo que se intenta, primero, es preservar las máquinas.
Un condimento fundamental es la cobertura que le brindan los medios locales y, entre ellos, sobresale claramente Marcelino Iroldi (presente en todas las reediciones históricas desde el 2003 para acá). Las transmisiones cubren toda la jornada desde dos horas antes que largue el primer auto y son «al palo», como si se estuviesen disputando tramos de velocidad pura. El nivel de tensión que sabe mantener a lo largo de las cinco jornadas nada le envidia a la definición de la F1 en Japón en 1976.
Los tramos cronometrados se definen a la centésima de segundo. Sin llegar a la histeria de las «gomitas», obligan a una ardua tarea de los navegantes. Resulta llamativo ver tacómetros y velocímetros llevados a tamaños surrealistas gracias al empleo de lupas gigantes o pantallas de led que reproducen y magnifican las escalas de los instrumentos.
Como no podía ser de otra manera en Uruguay, flota un clima de camaradería y solidaridad: muchos de los autos que largan no tienen la mínima preparación y los casi 3.000 km a veces resultan un escollo difícil de sortear. En ese caso las «ambulancias mecánicas» del ACU (Automóvil Club Uruguayo) los levantan en el camino y depositan en la cabecera de etapa, donde siempre hay un mecánico dispuesto a solucionar el inconveniente. A la jornada siguiente se reenganchan y siguen.
Cubrir como periodista invitado este tipo de competencia también significa un descubrimiento. Para obtener el relevamiento fotográfico de toda la caravana no queda otra que salir antes de la largada y adelantarse en el camino. Muchas etapas comienzan a las 7 AM… Speratti, por lejos el más remolón.
…pero no es todo, una vez retratado el paso de todos los participantes, lo que lleva un promedio de dos horas y pico de estar sentados en la misma piedra, hay que salir volando (esto es literal) para -cortando camino, salteando un punto intermedio o pasándolos a todos en la ruta- volver a posicionarse en la ruta. Paciencia, mate y radio para adivinar cuando vienen.
Así como la radio oficial, encadenándose con las sucesivas repetidoras FM de cada localidad, va tronando el aire a los gritos con un relato emotivo y vibrante, los pilotos reporteados rápidamente se sienten parte de esa mística -con tintes de epopeya- y, un tramo cronometrado en lluvia a 58km/h de promedio puede, en el relato, dejar empequeñecido un Buenos Aires-Caracas ganado de un tiro por Gálvez. Frases como: «No veo la hora de acelerar», «Estamos cuidando para lo que falta», «Quiero ver como andan las gomas que conseguí para tierra» o «en este prime no nos guardamos nada», son parte del folklore del 19C.
Este año el recorrido tomó otro sentido y la vuelta al «paisito» fue inverso al del reloj, trepando hacia la frontera norte con Brasil por el oeste y buscando el sur por el litoral marítimo atravesando el sector central de serranías.
El nombre de la carrera se debe a los 19 estados departamentales uruguayos que tocaba, y toca, en su recorrido. Hay que reconocer el sentido profundamente federal y la importancia que le otorgan las autoridades de cada departamento.
Si nos metemos con los autos, la verdad es que hay mucho y como para todos los gustos. Unidades que respetan colores y publicidades originales (las menos), vehículos 100% originales, otros que vienen algún campeonato de rally o pista con jaula, cortacorrientes y «tutti li fiocchi», generalmente Ford Escort RS y BMW 2002. Nos llamó la atención un R12 «aggiornado» by Gordini -tal cual el que salió hace pocos días en RETROVISIONES-. Speratti y Tillous, gente purista si las hay, eligieron como más representativo del automovilismo uruguayo un impecable Morris Minor que al día de hoy cierra la caravana.
Homero Canullo
Fotos: Miguel Tillous y Diego Speratti







