Que en paz descanse
Un rato después de despedirnos de la familia Rivera (click aquí) y con el 4 en una carrera loca por llegar a la reunión del Club Clásicos de Cali, abriéndose paso entre plantaciones de caña de azúcar, flotando en el espeso aire del valle del río Cauca, desarrollando velocidades prohibidas (unos 81 km/h en un […]
Un rato después de despedirnos de la familia Rivera (click aquí) y con el 4 en una carrera loca por llegar a la reunión del Club Clásicos de Cali, abriéndose paso entre plantaciones de caña de azúcar, flotando en el espeso aire del valle del río Cauca, desarrollando velocidades prohibidas (unos 81 km/h en un país con límite de 80…), vimos la muerte frente a nosotros.
Km 445. Pasando la ciudad de Cartago, tirada al costado del camino, estaba esta Chevrolet Impala 1963 fúnebre. Costó calmar a los briosos pistones que llenos de octanos pugnaban por seguir jugando al sube y baja hasta la ciudad de destino, pero conseguimos hacernos a un lado.
Todo por un fúnebre que cansado de tanto llevar gente acostada decidió también él echarse a un descanso con pinta de ser eterno, rodeado de árboles, plantas, tierra fértil y gusanos famélicos que seguramente se encargarán de su debida aunque lenta descomposición.
Sobre la base de un sedán cuatro puertas, algún carrocero local hizo esta conversión años después, adosando un tercer volumen muy tosco en fibra de vidrio con una ventana lateral que ni deja ver quien decidió acostarse allí ni respeta las formas o dimensiones de la superficie acristalada del auto. En la parte posterior lo más fácil fue hacerle un portón absolutamente cuadrado y clavarle unos faros que parecen ser de Ford LTD rural. Los rines o llantas, perfectos para un deportivo setentero…
Miramos lo que pudimos, nos enteramos que prestó servicios en la Funeraria García de Cartago, le hicimos estas fotos y la dejamos descansando en paz.


