La «déesse» y los holandeses
GF - 06/10/2009
Escribir sobre un auto mítico como la DS «déesse», diosa en francés, donde los autos no son «el» sino «ella» (la voiture) no es algo demasiado fácil. Primero porque se ha dicho tanto sobre este vehículo y segundo porque, ¿quién soy yo para hablar de semejante obra?
Teniendo en cuenta esto último, propongo simplemente contar algunas de mis vivencias personales no sólo con los más de 5 o 6 DS que tuve a lo largo de mi estancia de 15 años en Europa sino también mucho antes de esto.
Desde que tengo memoria, siendo muy chiquito allá por la década de los sesenta, la DS ejerció en mí una fascinación muy especial. Recuerdo que a la edad de de 6 o 7 años haberla visto por primera vez en un número de la revista Parabrisas donde me impresionó tanto que a partir de allí se convirtió en una obsesión el tratar de ver alguna vez en vivo ese aparato extraterrestre.
En la Argentina recién muchos años más tarde, en los ochenta, tuve esa oportunidad, ¡y además estaba en venta! Lamentablemente al único Citroën al cual hubiera podido llegar en aquel momento era a un 2CV usado…
Los años pasaron y de tanto en tanto afloraban en mí mente irrefrenables accesos de índole casi neurótico con respecto a ese auto y no podía hacer otra cosa que por lo menos dibujarlo, lo que finalmente es una manera de atraparlo, de tenerlo, como hacían los hombres de las cavernas cuando pintaban sobre las paredes la presa que querían cazar…
En los noventa recién llegado a Europa y una vez instalado, evidentemente lo primero que hice fue ponerme en campaña para conseguir uno (o una). La búsqueda me llevó hasta la ciudad de Versailles (citée royale!) donde un médico jubilado vendía su D Super año ’74 primera mano beige con techo blanco. Apenas la vi, impecable con 70000 km supe que era ella!
A pesar de que el precio no era para nada excesivo (en aquel entonces era todavía y simplemente un auto usado más), mi lado tano me llevó a negociar el precio de una manera casi indecente frente a este anciano moribundo.
Pagué los diez mil francos y me embarque en la nave.

Esa fue la primera. Con ella (y mi mujer embarazada) fuimos a la maternidad el día que nació mi primer descendiente y también de vuelta fue en lo primero que viajó el pobre retoño… Hay que reconocer que una D Super con caja manual de cuatro velocidades un embrague duro y un motor de la prehistoria que erogaba a duras penas 100 caballos no representaba el placer de manejo absoluto, ni por asomo. Pero bueno la DS era un auto muy particular incluso para su época; sistema hidráulico que comandaba casi todo, dirección, frenos, suspensión.
El primer contacto solía ser catastrófico para alguien acostumbrado a un auto normal. A la primera frenada el acompañante casi salía disparado por el parabrisas tal era la potencia y tan pobre la posibilidad de dosificar la fuerza con el «botón» que hacia las veces de pedal de los frenos (doble circuito hidráulico con discos en las cuatro ruedas!!) y ni te cuento lo que podía llegar a pasar luego de la primera «esquivada» de urgencia. En este caso el o los pasajeros eran expulsados por las ventanillas laterales tal era el agarre y la poca desmultiplicación de la dirección.
Por otro lado los movimientos de la carrocería absolutamente atípicos más cercanos a la práctica de la náutica deportiva que a los de un vehículo terrestre han hecho descomponerse a más de una generación de niños en viaje de vacaciones.Sin embargo, todo esto sobre lo que al principio había que acostumbrarse, luego formaba parte de lo maravilloso del auto. Con sólo rozar el freno, frenaba; con un dedo en el volante y el codo en la ventanilla se podía llevar la nave imperturbable por trazados tortuosos a velocidades hoy prohibidas, circular por todo tipo de rutas destrozadas sin ni siquiera enterarse, en fin, algo que ningún coche de los años sesenta podía hacer, ¡Imagínense entonces en los cincuenta cuando fue presentada!
Retomando mi historia, para que este idilio fuera completo a mi vieja D Super le faltaba algo, algo que es fundamental en ese auto y que la convierte en la verdadera «deèse».
El combo hidráulico de frenos, dirección y suspensión no está completo sin la caja con embrague automático, también comandado por el mismo circuito hidráulico. Todos estos órganos dependen del corazón y de su sistema circulatorio: la bomba hidráulica y los millones de tubitos que van y que vienen llevando el líquido hidráulico (rojo como la sangre en las primeras series y luego verde hasta hoy en día) para asistir y dar vida a los diferentes órganos vitales de la máquina.
Demás está decir que si este corazón comandado a través de una simple correa fallaba, o algún fuelle o tubito dejaba escapar el preciado líquido, la muerte por hemorragia o paro cardíaco era inevitable. No más frenos, dirección, suspensión, cambios….La diosa moría en el lugar paralizada y aplastada contra el piso. Bien lo recuerdan los primeros clientes, si es que todavía vive alguno. Sin embargo, hay que reconocer que con la evolución del modelo esto fue mejorando hasta tener una fiabilidad casi irreprochable hacia la mitad de su carrera.
Entonces me di cuenta que para experimentar realmente todas las sensaciones que podía otorgar la «déese» era absolutamente necesario encontrar una con caja «Hidráulica». Emprendí la búsqueda pero entre tanto se me cruzó otra muy especial, una D Super 5, que fue uno de los modelos más evolucionados que se fabricaron, con caja manual ya de 5 velocidades, cinturones de seguridad inerciales (casi un auto moderno) y con un kilometraje imposible de creer cuarenta y pico de mil!! No lo dudé y la caja hidráulica tuvo que esperar un tiempo más.

La verde (la D super 5 era verde) no la tuve mucho tiempo, no porque no me gustaba, vean la foto y van a ver que era impresionante su estado, sino porque ya a esa altura y frente a los ruegos de mi mujer habíamos adquirido un auto moderno para todos los días lo que hacía que la DS como segundo auto cuadrara difícilmente dentro de nuestro acotado presupuesto de entonces. Fue allí que descubrí una veta interesante: los holandeses.
Increíblemente en Holanda Citroën es casi como una marca nacional (vaya a saber porque, prometo enterarme) y los «dutch» son fanáticos de este aparato. Me enteré de esto porque a los pocos días de ponerla en venta un extraño caballero con acento foráneo me llamó haciéndome un interrogatorio con respecto al estado del auto digno del FBI.
Al parecer mis respuestas fueron convincentes y combinamos un rendez-vous para el día siguiente. Al otro día, a la hora señalada y en el lugar exacto dos «ursos» de un metro noventa se bajaron de un BMW con patente holandesa y pagándome lo que yo pensaba entonces era una fortuna partieron por la autopista del norte con mi DS verde, snif, snif….
Pero esto era solamente dar un paso atrás para mejor tomar carrera y saltar! Efectivamente esta plusvalía que hice con esta y otra más que compré y revendí rápidamente me permitió finalmente tener un resto y una justificación a nivel familiar para ahora si, buscar y encontrar la VERDADERA DS.

Esto sucedió bastante rápido y en el lugar menos esperado. Saliendo un dia de casa, a las pocas cuadras veo estacionada una DS 21 Pallas gris metal modelo 67 o 68, el tope de gama. ¡Increíblemente estaba en venta! Lucia un poco opaca por todos lados pero totalmente original y no le faltaba nada. Precio OK (igual siempre estaban los Holandeses ante cualquier urgencia) y entonces… Deal!
Recién allí entendí la verdadera dimensión de ese gran auto y el placer que procuraba su manejo. La palanca de cambios ubicada justo detrás del volante parecía más la palanquita del guiño que otra cosa. Una vez más hizo falta acostumbrarse a esta manera de pasar los cambios sin embrague y con una ergonomía bastante particular que hace que el conductor de DS tome una inconfundible posición que se reconoce inmediatamente.
Mano derecha en la parte superior del volante dedo índice extendido justo para tocar la parte superior de la palanca, empujoncito rápido con pulgar e índice hacia adelante para poner primera, brazo derecho flexionado.
Al mismo tiempo brazo izquierdo con el codo en la ventanilla abierta, excepto en invierno donde la mano y el brazo reposan entre el apoyabrazos de la puerta y el monorayo del volante en posición de marcha recta ubicado a las 7 hs, torso bastante vertical para llegar bien a la palanca, cuerpo totalmente sumergido en los asientos hiper mullidos, pie derecho que acelera y suelta para permitir poner segunda con un rápido movimiento hacia la derecha del dedo índice y sin soltar el volante, pierna izquierda en reposo sobre la alfombra de piso de 4 centímetros de espesor y voila, c’est parti!
Hay que reconocer que este idílico panorama estaba un poco opacado por la importante presencia en el habitáculo del ruido del motor pero que era convenientemente tapado por los ruidos aerodinámicos a partir de los 140 Km/h.
Con este auto fuimos una segunda vez a la maternidad, en este caso fue nena! Y también tuve la oportunidad de hacer algunos largos viajes. Recuerdo particularmente uno de Paris a Ginebra. Todo venia bárbaro, disfrutando del excelente comportamiento en ruta y andar suave de este ya antiguo DS, hasta que a la altura de tomar el desvío hacia Ginebra y adentrarse en los montes del Jura el auto empezó a fallar y fallar cada vez más… Yo veía el panorama cada vez más negro, (si esto se para, muere aquí mismo y ¿Quién me arregla este dinosaurio?)
Así seguimos varios kilómetros más pero la cosa estaba cada vez peor. Me dije que podría ser una basurita o algo en el carburador así que viendo la cara de de mi mujer con una expresión entre «te quiero matar» y pánico (los chicos por suerte dormían) decido acelerar a fondo. Increíblemente a partir de las 4500 vueltas dejaba de fallar, cuando bajaba de allí la cosa empezaba de nuevo, así que, cuento corto, la autopista y los túneles del Jura los conocimos a más de 160 km/h hasta llegar a Ginebra. Menos mal que en ese entonces (1995) no había muchos radares. Esto me permitió corroborar parte de la leyenda de la DS conocida en la década del 60 como la «reina de la ruta», ningún auto de la época podía mantener un ritmo tan elevado en total seguridad.
Llegados a Ginebra, en un taller me desarmaron el «carbu», lo limpiaron y santo remedio. Ahí me dije que mi próxima DS debería ser a inyección electrónica, «the top of the top».
Sin embargo esta me duró varios años. Finalmente la vendí (a otro Holandés por su puesto). Luego tuve un intermezzo en el que volví a Argentina por un par de años. Al retornar a Francia en el año 2000, nuevamente me puse en campaña para encontrar otra. En el ínterin casi la traiciono con una SM sa majesté (su majestad Citroën-Maserati) pero no me animé debido a la poca fiabilidad de este modelo. Finalmente encontré una DS 21 Pallas Injection éléctronique, que 4600 euros mediante fue mía. A esa altura de mi vida, mi presupuesto ya me permitía tener un «auto de colección» así que me puse a hacerle algunos trabajitos. Metiéndose un poco dentro de las tripas de este auto uno no deja de sorprenderse de la mezcla constante entre órganos mecánicos y materiales que parecen salidos directo de los laboratorios de la NASA (capot de aluminio, faros direccionales, techo plástico y todos los otros sistemas de asistencia y seguridad los que hablamos) y el caos al estilo «atado con alambre» de otras partes del vehículo. Insólito!
Según se dice, este coche jamás fue rentable para la marca, tremendamente sofisticado, complicado y caro de fabricar.
¿Como termina esta historia? Bueno con esta última DS, porque fue mi última. Con ella me di el gusto de hacer un viaje Paris Barcelona non stop. Resulta que en el 2002 me estaba mudando de Paris a Barcelona, los chicos y mi mujer ya habían partido y yo me quedé para terminar con las últimas cosas.
Salí de Paris a las cinco de la tarde del 3 de julio y tenía que llegar si o si el día 4 a Barcelona porque mi hijo más chiquito, el tercero, varón, cumplía su primer año de vida!

Salgo con casi cuarenta grados de temperatura por la autopista del sur en plena salida de vacaciones de todo el mundo… (Allá los destinos de las vacaciones son hacia el sur) Así que ya empiezo con un gigantesco embotellamiento. ¡Veía como la temperatura empezaba a subir, la del auto y la mía! Tenia por delante más de 1200 km por recorrer, absolutamente solo, con un auto de treinta y cinco años de antigüedad al que con el apuro ni siquiera le había verificado el nivel de los líquidos…En fin cosas que uno hace (o no hace, mejor dicho)
El tema es que cincuenta kilómetros más adelante, después del peaje el tránsito se fluidifico y pude mantener una buena velocidad de promedio, sin embargo, al calor lo precedió una de las lluvias más impresionantes que he visto en mi vida. Los elementales limpia parabrisas de la DS no daban abasto ni por casualidad. Por el apuro no podía bajar el ritmo pero igual me tuve que acomodar a unos 140 km/h. No se veía un corno pero el auto seguía pegado a la ruta, una vez más la DS me sorprendía. Al cabo de cinco horas paro a repostar llegando al sur de Francia y siendo las once de la noche decido echarme a dormir agotado por el manejo bajo la lluvia.
Un motel, dos, tres, en ninguno hay lugar. Entonces decido continuar. Doble faro encendido, haz de luz direccional, impecable… La lluvia ya había parado y tuve un tramo de una hora tranquilo. De repente siento un violento «empujón» lateral que me hace desplazar sobre los cuatro carriles de la autopista de derecha a izquierda. Menos mal que a esa hora no había nadie. Retomo el control y sucede de nuevo, esta vez casi me aplasta contra el guarda-rail. Una fuerza invisible me zamarreaba de un lado para otro. ¡Mistral! A esta altura se preguntaran que tendrá que ver un Maserati en esta historia, y bien no es el auto sino su nombre heredado del famoso viento de esa zona del sur de Francia del golfo de Montpelier, el Mistral. Por favor, pensaba, que más me puede tocar a esta hora, cansado y sin dormir!
La verdad es que parecía mandado a hacer para testear todas las cualidades de este auto. La geometría de la suspensión delantera de la DS está hecha de tal manera que absorbe de manera admirable cualquier fuerza lateral e incluso se mantiene estable ante un posible reventón de un neumático. Allí donde un auto de su época hubiera terminado en la banquina, la DS continuaba una vez más, imperturbable.
Finalmente crucé la frontera española y llegue a Barcelona a las 3 de la mañana del 4 de julio. Diez horas para recorrer 1200 km, just in time!
Este autito me lo quedé hasta que nos volvimos definitivamente en el 2005 momento en que no me quedó otra que venderlo. Lamentablemente las trabas para importar autos antiguos en Argentina siguen siendo difíciles de superar, es una lástima…

Todavía recuerdo la sonrisa en la cara de quien me la compró cuando se la llevaba de vuelta a Francia y… Ese sí que no era holandés.
Categorías: CrónicasFecha: 06/10/2009
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El "Camisado"
Excelente! Muy linda y emotiva la nota. «La» DS es un verdadero icono en la historia del diseño de autos en Francia.
el pobre retoño
aca comenta el primer descendiente (pobre retoño?? Vas a ver). Yo crecí con la DS al lado mio, y tengo que admitir que es una maravilla. Me acuerdo perfectamente del día cuando anunciaste que habías vendido la ultima DS, a un precio barato por el apuro. Hasta yo quede pasmado. No podia dejar de imaginarme la cara de felicidad del comprador, ni tus ganas de sacarsela a patadas 😀
Muy buena nota, se ve claramente la pasion que seguís teniendo por esta diosa… (dentro de poco te van a llamar para conferencias exclusivas de autitos viejos.)
Segui asi pa
Freddy Pereyra
Es un placer leer estas vivencias de alguien con quien me he reencontrado hace poco tiempo. No tuve el privilegio de poseer una DS pero al menos pude disfrutar de todas esas cualidades, que bien describe aquí Gustavo, con mi amado CX Athena. Lo tuve diez años, y mantenía esos razgos de comportamiento de la DS en la dirección, el celoso freno, y la increíble suspensión. Hay un antes y un después de un Citroën hidroneumático… Gracias por la nota y muy bueno el sitio.
Horo
Nuevamente excelente nota, luego del 4L, llegue al 504, mas tarde al CX Athena. Nunca olvidaré su andar y la tecnología aplicada para la época. Un día se me rompió la correa de la bomba hidraulica y se transformo en el andar de un Ford T, aunque llegué perfectamente a destino. Saludos y nuevamente gracias por la nota.
Leonel
Gustavo, excelente la nota y gracias por compartir tu experiencia con los «voituristas» nostálgicos de las hermosuras de otras décadas. Dentro de mis «cosas por hacer» está anotado: recorrer Francia a bordo de una DS (si es con una morocha al lado mejor); y creo que luego de leer tus anécdotas subió un par de escalones en prioridad.
Saludos!
Mariano
El amor de los holandeses por los Citroën podrá deberse a que la familia Citroën es de origen holandés?
Qué coche. Los ves en persona, 54 años después de haber sido lanzado y se te cae la madíbula (por no decir otra cosa impropia).
tete
Una nota buenisima como todas las del autor GF, sus notas no tienen desperdicio.
saludos
TT
cinturonga
Excelente relato GF! asi me gustan las historias con lujo de detalles y llenas de anécdotas. Casi un año tarde la encuentro.
Carinho glande, Cinturonga.
Guille CF
No pude evitar volver a leer hoy este impecable relato que define de modo tan cálido la apasionante relación entre un hombre y su «déesse»…
Tristeza. No hay palabras.