¿Romeo o Sud?
Fue hace unos años, en algún lugar del planeta cuyo nombre no quiero acordarme. Ahí llegamos con mi hermano Willy en busca de la «Automobilia perdida». Gritamos «¡buenas!», nada. «¡Hola!», nada. Nos adentramos en el desarmadero y tras dejar atrás un tétrico galpón con cabezas de jabalíes colgadas, ya en estado de descomposición, nos topamos […]
Fue hace unos años, en algún lugar del planeta cuyo nombre no quiero acordarme. Ahí llegamos con mi hermano Willy en busca de la «Automobilia perdida».
Gritamos «¡buenas!», nada. «¡Hola!», nada. Nos adentramos en el desarmadero y tras dejar atrás un tétrico galpón con cabezas de jabalíes colgadas, ya en estado de descomposición, nos topamos con la típica fosa de engrase. Ahí escuchamos ruido a herramientas, y nuevamente gritamos: «¡Hola!». Esta vez hubo respuesta; de entre el chasis de un auto y el piso de la fosa salió un ser desdentado con el pelo igual al Pibe Valderrama. Le digo: «¿Qué tal? ¿De Alfa tenés algo?», y la respuesta sonó a Groucho Marx: «¿Romeo o Sud?» (en realidad dijo Sú). Y fue así que los hermanos encontraron la «Automobilia perdida», gracias a las palabras mágicas: ¿Romeo o Sú?
¿Los jabalíes? en la próxima les cuento, hubo mucho más entre grasa, llaves de tubo, mazazos, jejenes y fierrerío viejito.




